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Vivir con sencillez

Posted in Imagen y pensamiento,Pastoral por padreteo en 13 diciembre, 2012
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Vive con sencillezVivir la sencillez es no necesitar tener muchas cosas para ser feliz, no cayendo en el consumismo ni en las modas que nos obligan a comprar lo nuevo, lo último.

Vivir la sencillez es tener más alegría al dar, o al compartir, que al recibir, porque has descubierto el poder misterioso que tiene la palabra gratuidad.

Vivir la sencillez es vaciar el corazón de todas las cosas innecesarias que lo ocupan, y llenarlo del tesoro de la amistad, de la cercanía y del encuentro humano con los demás.

Vivir la sencillez es creer que tu valía y dignidad está en lo que eres como persona y no en lo que tienes o posición social que ocupas.

Vivir la sencillez es solidarizarte con tantas hermanas y hermanos de tu familia humana que viven injustamente en la pobreza y necesidad, y te movilizas e implicas porque no quieres vivir mejor que ellos.

Vivir la sencillez es poner tu confianza y seguridad no en el dinero o posesiones, sino en tus bienes espirituales, en tus convicciones y creencias, en tu fe, en tus capacidades, en tu fuerza interior y en la de aquellos que te aman y aprecian.

Vivir la sencillez es trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

Vivir la sencillez es disfrutar de los innumerables regalos que la vida, la naturaleza, te ofrece constantemente cada día, y que pasan desapercibidos para la mayoría de gente.

Vivir la sencillez es respetar y cuidar de la naturaleza con tu forma de vivir, reciclando, reutilizando, reduciendo el consumo innecesario.

Vivir la sencillez es utilizar tu dinero para que tú y tu familia podáis vivir con dignidad, y para que los demás también puedan vivir con dignidad si lo inviertes en banca ética y si te habitúas a exigir productos que provengan del comercio justo y del comercio local.

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La oración humilde

Posted in Oración,Pastoral por padreteo en 10 marzo, 2012
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Si Dios ya sabe lo que necesitamos, ¿por qué se lo tenemos que decir?
Autor: Diana R. García B. | Fuente: elobservadorenlinea.com

Oración humilde«Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce; confiadle todas vuestras preocupaciones, pues Él cuida de vosotros» (1 Pe 5, 5-7)

Es verdad, lo dice Jesucristo en las Sagradas Escrituras: «antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan» (Mt 6, 8). Y, sin embargo, también dice: «Pidan y se les dará» (Mt 7, 7).
Cuando el Señor llegó a Jericó, un mendigo ciego le gritaba: «Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí» (Mc 10, 47). Así hizo insistentemente, a pesar de las desaprobaciones de la gente, hasta que Jesús se detuvo y lo hizo llamar. Luego Cristo le hizo la más extraña pregunta: «¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10, 51). ¡Vaya! ¿Qué no era obvio? ¡El hombre estaba ciego y necesitaba recobrar la vista! Si Dios sabe todo, ¿por qué el ciego tuvo que decirle cuál era su necesidad?
Afortunadamente el ciego fue lo bastante humilde para responder al instante: «”Rabbuní, ¡que vea!”. Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. Y al instante [el ciego] recobró la vista y le seguía por el camino» (Mc 10, 51-52).
Es que «la oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él» (CIC, n. 2560), y «la petición ya es un retorno hacia Él» (CIC, n. 2629). (more…)