PadreTeo


Nada necesitamos más que la Pascua

Posted in Actualidad,Espiritualidad,Pastoral por padreteo en 6 abril, 2015
Tags: , , ,

Una meditación pascual para la vida

el-vive “Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto”.

Son palabras del Papa Benedicto XVI en su mensaje urbi et orbi para la Pascua 2011, una Pascua marcada, una vez más, por el dolor en tantos lugares del mundo –Japón, Costa de Marfil, Libia, los inmigrantes subsaharianos, los cristianos perseguidos, el siempre convulso Oriente Medio-, por la crisis económica que no cesa y nos lega el terrible rastro del paro –en España, por ejemplo, cerca de cinco millones de personas paradas- amén de la injusticia letal de mil millones de personas que sufren y mueren de hambre.

El por qué y el para qué de la Pascua

Y el Papa, ante el gozo y el júbilo de la Pascua y ante las sombras de tanto dolor, pecado e injusticia en el mundo, ha recordado que «en tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra». A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los «cielos» responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo. Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz”. (more…)

Anuncios

Experimentar la resurrección, que no te lo cuenten

Queridos hermanos:

Primavera ¡Qué no te lo cuenten! El amanecer del domingo de Pascua, la primera luna llena de primavera, el renacer de la naturaleza, todo nos invita a no ser espectadores: a ser protagonistas de una experiencia. Pascua significa “paso” y, si no pasa nada (no hay pascua), éste es sin duda el gran problema de nuestro cristianismo actual: no acabamos de creer en la resurrección personal, comunitaria o social. Ya lo decía San Pablo: “Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es inútil” (1 Cor 15,14). Si las palabras de estos días se convierten en algo ritual o hueco, en idealismo o buenas palabras, en buenas intenciones o sólo en oraciones y celebraciones bellas, puede suceder que no lleguemos a ser testigos de una experiencia que transforme nuestras vidas.

Cuando la vida se hace chata, mostrenca y no se piensa en que las cosas, las personas, las situaciones pueden cambiar, renovarse como la primavera, es difícil creer en la resurrección. Los que somos de pueblo sabemos que si vas al rio, en la orilla encuentras guijarros, piedras que se han hecho planas con el rozar del agua, si las lanzas harán puentes hasta el otro lado, si las abres o partes encontraras que la humedad se ha metido dentro. Si hasta las piedras del río cambian, ¿cómo no van a cambiar las personas?, ¿cómo podemos decir que no podemos hacer nada? Hay que creer en el cambio de aquí, en que es posible la fraternidad, la justicia, el Reino en definitiva, para poder vivir y mirar a los hombres, la historia, con ojos nuevos que transciendan nuestra realidad tan estática.

(more…)

¡Resucitó! ¡Vayan a Galilea, allí lo verán!

150405-fano-resurreccion El relato evangélico que se lee en la noche pascual es de una importancia excepcional. No solo se anuncia la gran noticia de que el crucificado ha sido resucitado por Dios. Se nos indica, además, el camino que hemos de recorrer para verlo y encontrarnos con él.

Marcos habla de tres mujeres admirables que no pueden olvidar a Jesús. Son María de Magdala, María la de Santiago y Salomé. En sus corazones se ha despertado un proyecto absurdo que solo puede nacer de su amor apasionado: «comprar aromas para ir al sepulcro a embalsamar su cadáver».

Lo sorprendente es que, al llegar al sepulcro, observan que está abierto. Cuando se acercan más, ven a un «joven vestido de blanco» que las tranquiliza de su sobresalto y les anuncia algo que jamás hubieran sospechado.

«¿Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado?». Es un error buscarlo en el mundo de los muertos. «No está aquí». Jesús no es un difunto más. No es el momento de llorarlo y rendirle homenajes. «Ha resucitado». Está vivo para siempre. Nunca podrá ser encontrado en el mundo de lo muerto, lo extinguido, lo acabado.

Pero, si no está en el sepulcro, ¿dónde se le puede ver?, ¿dónde nos podemos encontrar con él? El joven les recuerda a las mujeres algo que ya les había dicho Jesús: «Él va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis». Para «ver» al resucitado hay que volver a Galilea. ¿Por qué? ¿Para qué?

(more…)