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Don Orione y Ntra. Sra de Lourdes

Posted in Don Orione,Espiritualidad,Pastoral por padreteo en 12 febrero, 2017
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Don Orione conoció, reconoció y fue devoto de Ntra. Sra. de Lourdes.

Lourdes •  El 11 de febrero de 1858, Vittorio Orione y Carolina Feltri, padres de Don Orione, pronunciaron su Sì en la Iglesia de la Colegiata de Santa María de la Asunción en Pontecurone. Contemporáneamente, aquel mismo día, más o menos a la misma hora, en Lourdes, hacía su primera aparición la Virgen Inmaculada. Un signo mariano en los orígenes de la familia de Don Orione, “alma mariana”.

•  El 11 de febrero de 1903, “Fiesta de las apariciones de la Santísima Virgen Inmaculada”, Don Orione escribió la petición de aprobación y el “Plan y programa” de la Pequeña Obra de la Divina Providencia, uno de los documentos fundamentales que manifiestan visiblemente en la historia el carisma que le fue otorgado por el Señor.

El 11 de febrero de 1904, apertura de la primera casa de la Pequeña Obra en Brasil y en América Latina, en Mar de España, Brasil. Los misioneros habían llegado a Brasil el 2 de enero precedente.
El 11 de febrero de 1922, Don Orione toma posesión de la primera casa en Argentina, en Victoria, y celebra la Primera Misa en la Iglesia de Ntra. Sra. de la Guardia.
• La última Misa de Don Orione, en Sanremo, Villa Santa Clotilde, la mañana del 12 de marzo, fue celebrada a los pies de la estatua de la Virgen Inmaculada de Lourdes.
Don Orione unía los acontecimientos de Lourdes al dogma de la Inmaculada Concepción.

•  “Finalmente, llevados a término los largos estudios de los doctores, el 18 de diciembre de 1854 el angélico Pio XI en San Pedro, ante una imponente asamblea de varios centenares de obispos, promulgaba el dogma de la Inmaculada Concepción. La Virgen se apareció después, cuatro años después en Lourdes diciendo: «¡Yo soy la Inmaculada Concepción!»(62, 81).

•  “Pio IX, el Papa de la Inmaculada, definió que, María Santísima fue siempre toda pura, toda santa, y definió además el dogma de la infalibilidad pontificia, pocos años antes de la toma de Roma. Después de cuatro años de la definición del dogma de la Inmaculada, el 11 de febrero de 1858, una humilde muchacha que había salido de su casita para buscar leña… Después las visiones se sucedieron 18 veces a intervalos, hasta el 16 de julio, cuando ella, por orden del párroco, preguntó a la Virgen Santísima quién era: y le respondió: Yo soy la Inmaculada Concepción.” (IX, 463)

Don Orione trató de reproducir el clima mariano de Lourdes en las fiestas de la Virgen organizadas por él. Quiso la bendición eucarística de los enfermos en el Santuario de la Virgen de la Guardia, como en Lourdes:

•  “A las 10: Hora de las apariciones de la Virgen, Misa Solemne, súplica a la Virgen, bendiciones a los enfermos y a los peregrinos, como en Lourdes” (62, 107).

•  “Victoria – Argentina: Un señor, el viernes por la tarde, nos donó una custodia, y así hemos dado con ella también la bendición eucarística, siendo ese el día de las apariciones de la Inmaculada de Lourdes: ¡fue una hermosa jornada!” (25, 182).

•  “Bendiciones a los peregrinos y a los enfermos, como en Lourdes. Que vengan con mucha fe todos sus queridos enfermos. A las 17 horas en punto saldrá la grandiosa procesión “aux flambeax” que subirá hasta el Castillo” (52, 253).

•  Un artículo describe la bendición eucarística a los enfermos, en Tortona: “Llegan al Santuario centenares de enfermos amorosamente asistidos por sus parientes y por los fieles, para recibir la Bendición de los enfermos como en Lourdes. Se oye potente y directa la voz de Don Orione: ‘Tengan fe, fe ardiente, pedimos a Jesús la gracia para nuestros enfermos y la cura o el consuelo en el dolor’. Y, como en Lourdes, una onda de conmoción invadió a la multitud, cuando el sacerdote toma la custodia de Jesús Sacramentado, desciende del altar y pasa bendiciendo de uno en uno a los pobres enfermos. La conmovedora función dura más de una hora y cuando Don Orione, exhausto por el esfuerzo hecho en constante tensión de espíritu, bendice aún una vez más a la multitud, siempre compacta: son las dos de la tarde” (95, 193).

•  En otro relato de la bendición de los enfermos en Tortona, leemos: “Antes de la bendición con el Santísimo Sacramento todos los sacerdotes acompañaron en cota y estola a Don Orione que llevaba a Jesús Eucaristía en una rica custodia. Se había llevado a muchos enfermos. Se ordenó la procesión como se suele hacer en Lourdes: Don Orione pasó con el Santísimo, repitiendo las invocaciones a Jesús como se hace en Lourdes, sugiriendo él mismo palabras de fe, de amor a Jesús – ¡Creo en ti Jesús!, ¡Jesús te amo!, ¡Sáname Jesús! Don Orione mismo lloraba y todos lloraban mientras el coro repetía las invocaciones a Jesús Nuestro Señor y Redentor” (112, 312).

Tenía gran confianza en la intercesión de la Virgen de Lourdes y a ella recurría con fe:

•  “Alvigini (un cohermano) va un poco mejor, pero ya está humanamente perdido. He hecho el voto de dar 1000 liras a la Consolata, y mandarlo a Lourdes para agradecer a la Virgen” (10,13).

•  “Mussini Luigia – vía Emilia 58 Tortona – pobre enferma, háganla ir a Lourdes” (98, 294).

•  “También esta mañana le (conde Crivelli) he dicho la Misa en la habitación; hace la comunión cada mañana con mucha devoción. Esta mañana le he dado otro poco de agua de la Virgen de Lourdes” (15, 125).

•  “He hecho voto a la Virgen de llevarle (clérigo Viano) a Lourdes; si la Virgen me lo cura; médicamente hablando, las esperanzas penden de un hilo invisible” (2, 162).

•  “Hoy, el 50° Aniversario de la última aparición en Lourdes: daremos la bendición y rezaremos también por ustedes” (a Don Gaspar Goggi enfermo gravemente, 16.7.1908; 74, 10).

•  “Esta mañana le he encomendado a la Virgen de Lourdes y después me he decidido a escribirle” (101, 39).

•  “He hecho dos votos, a la Virgen de Lourdes y a San Conrado, que tenemos aquí. Si lo hacen restablecerse (clérigo Ottaggi), al menos para poderlo llevar a casa… he hecho voto de llevarlo si se cura a la Virgen de Lourdes” (102, 37-38).

Reivindicaba el mensaje de Lourdes: oración, penitencia, pureza

“La Virgen Santísima de Lourdes se apareció llevando entre las manos el Santo Rosario y haciendo pasar los granos entre sus dedos: rezaba como le hubiese gustado enseñarnos a rezar. La oración es la cadena de oro que nos une con Dios. Con la oración obtendremos fuerza para vencer a nuestros enemigos, para resistir las tentaciones y perseverar en nuestra santa vocación permaneciendo siempre fieles al Señor. Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de nada ha hablado tanto, de nada nos ha aconsejado tanto como de la oración; y oraba Él mismo para enseñarnos a orar. De hecho dijo a sus discípulos: cuando oren digan así: Padre nuestro que estás en el cielo. Oración divina salida de sus labios. Los sacramentos han sido instituidos por Jesucristo, pero la modalidad de los mismos, las fórmulas, las ceremonias que los acompañan, han sido fijadas por la Iglesia. Nuestro Señor, por ejemplo no ha pronunciado las palabras de la confesión: es la Iglesia la que ha dado la fórmula tomándola del espíritu que está en el Santo Evangelio. Sin embargo el Pater es propio de Nuestro Señor que nos lo ha enseñado y nos ha dicho: oren a vuestro Padre que está en los cielos, así.

La Virgen Santísima de Lourdes, además de la oración, ha recomendado la penitencia la penitencia: ¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Esto es lo que el mundo no quiere entender! Si ustedes no hacen penitencia perecerán, dijo Jesús, y la Virgen Santísima, nuestra Buena Madre, nos avisa: ¡hagan penitencia!

La Virgen Santísima se apareció en Lourdes en la bendita gruta, toda vestida de blanco, para significar su inmaculada pureza: de hecho, ella fue siempre toda pura, siempre inmaculada a los ojos de Dios: antes de convertirse en Madre de Jesús y después de que naciese prodigiosamente Jesús de Ella. Seamos puros también nosotros, amemos a bella virtud, la santa pureza. Dios se manifiesta a los puros. Encomendémonos a Jesús y a María Santísima que nos ayuden a conquistar esta bella virtud: Oración, penitencia y pureza de vida” (A las PSMC, 11 de febrero de 1919).

 

Conocía e indicaba los milagros de Lourdes

•  He leído con gran placer que en Lourdes ocurrió un milagro mientras una enferma asistía a la Misa de su Excelencia” (45, 84).

•  “También en nuestros días, ya lo saben, ocurren milagros: en Lourdes también en estas últimas semanas ocurrieron algunos milagros” (A las PSMC, ejercicios espirituales, agosto de 1923).

•  “La Virgen quiso, con sus apariciones en Lourdes y con los prodigios que desde 1858 se siguen verificando hasta nuestros días, quiso demostrar cómo le gusta ser honrada en su pureza, en su inmaculada vida y en sus virtudes” (XI, 263).

De Lourdes recoge motivaciones para recomendar la oración del Rosario

“Y ahora os entregaré la corona del rosario. La Inmaculada, cuando se apareció en Lourdes a la Beata Bernardet, apareció teniendo entre sus dedos y haciendo pasar, recitándola, la santa corona del Rosario; y una santa costumbre quiere que todos los religiosos tengamos el Santo Rosario al lado y que todos los días recitemos esta gran oración, vuelta más popular, con la que nosotros recitamos la santa oración que nos enseño Jesucristo, que es el Pater Noster, y el Ave María, que es el saludo del Arcángel Gabriel a la Virgen, y recordamos los santos misterios, los principales misterios de nuestra Santa Iglesia” (A las PSMC, 8 diciembre 1927).

La Virgen hacía pasar los granos, mientras Bernardet recitaba el Rosario. María Santísima no recitaba el Ave María. Y eso fue contado por Bernardet siempre, hasta su muerte; cuando Bernardet y los otros recitaban el Ave., la Virgen no abría la boca… Cuando se llegaba al Gloria Patri, también María Santísima repetía Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto… Cuando había que celebrar al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, cuando no se celebraba a ella misma, entonces la Virgen rezaba y decía el ¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

El agua de Lourdes

•  “Digan a sor Caterina que agradezco las oraciones hechas en Lourdes. Yo pasaré pronto por Génova y le agradeceré el agua de la gruta de Lourdes, como he agradecido las oraciones y la postal que me envió” (27, 83)

•  “Asegurándole que todos rezamos por él, y que le llevará un poco de agua de Lourdes, donde fue a esta peregrinación un estudiante” (28, 172).

•  “Yo estoy aquí al lado del Conde Servanzi, enfermo de gravedad, a quien he suministrado también los extremos sacramentos. Le he dado esta noche de beber agua de Lourdes, y ha habido una mejora, tanto que el médico ha dicho dos veces esta mañana: “el estado del enfermo tiene algo de milagroso” (95, 26).

La fecha del 11 de febrero era muy querida por Don Orione como un día particularmente sagrado

•  Cuando pone en las cartas la fecha del 11 de febrero, siempre añade “Virgen de Lourdes”.

•  “Estamos aquí (en Victoria, Argentina) desde el 11 de febrero fiesta de las Apariciones de la Inmaculada en Lourdes, – conmigo están Don Zanocchi y Dondero”.

•  “Que por ahora ninguno entre en el Noviciado (Argentina): estableceremos una fiesta de la Virgen, fácilmente el 11 de febrero, Virgen de Lourdes, siempre y cuando la nueva casa esté lista. Además de los cinco nuevos con vestición, hagan su noviciado Migliore, Simoni y Anintros. Que también Tomás haga su noviciado” (1, 233).

•  “Deseo que el noviciado se empiece el 10 de febrero, para que puedan hacer los votos el próximo año el 11 de febrero, apariciones de Lourdes” (1, 228).

•  (En Brasil, 1914) “La primera Casa de los Misioneros fue inaugurada el 11 de febrero, fiesta de las Apariciones de la Inmaculada en Lourdes, y se llamará también aquella: la Casa de la Inmaculada como nuestro Noviciado” (2, 76).

•  “Sábado, 11 de febrero, día de las apariciones de la Virgen Inmaculada en Lourdes hemos celebrado en la Iglesia de la Victoria las primeras Santas Misas” (95, 116).

•  “Hoy se cumplen, propiamente hoy, 80 años, de las primeras apariciones de la Santísima Virgen Inmaculada en Lourdes. Ustedes, queridos clérigos polacos, llegados desde su gloriosa y gran nación profundamente católica y tan devota de María Santísima. Ustedes han venido aquí no sólo por la vocación, sino por una gran fe. Qué grande es la fe y el sentimiento católico de su patria, la fe que está en el corazón de Polonia” (VIII, 88).

•  “Estos clérigos esperamos que puedan ser ordenado en el mismo mes de febrero, el mes que podemos llamar de la Inmaculada de Lourdes” (X, 65).

•  “Hoy es el 50º aniversario de las apariciones de la inmaculada en Lourdes, he subido allá arriba (Virgen de la Costa en Sanremo) y a propósito he ido allí a rezar un poco en aquella habitación para que la Virgen Santísima mantenga puros y santos a los hijos que viven allí” (10, 187).

• Para celebrar el 50° de las apariciones de Lourdes, Don Orione quiso colocar una estatua de la Virgen de Lourdes en Santa Ana de los Palafrenieri, en el Vaticano. Después sin embargo él mismo, en 1908, la llevó a la Capilla (rescatada de entre unos trastos) de la nueva parroquia de Todos los Santos.

Don Orione fue promotor y difusor de la “gruta de Lourdes” como signo de devoción mariana:

•  “Tendremos también la Gruta de Lourdes que costará unas 25.000 liras, el dinero ya me fue donado. Irá en el jardín al lado del Noviciado (de Villa Moffa )” (19, 274).

•  “Les doy la buena noticia de que en Claypole se levantará en el jardín, donde acaba un vial muy bonito con muchos árboles, la Gruta de Lourdes, y ya la Beatísima Virgen ha enviado una persona pía y benéfica que pagará todo. Deo gratias!” (97, 234).

• Don Orione explicó que había pedido a la Virgen de Lourdes la gracia de un terreno para edificar el Cottolengo de Claypole, prometiendo que construiría una gruta similar a la de Massabielle, en Francia. Poco tiempo después, una señora le ofrecía en Claypole 88 hectáreas de terreno a 2 kilómetros de la estación (Vida de Don Orione de J.C. Moreno, p.178).

•  “Para la Gruta ya he dado 1000 pesos: cuesta 2000 pesos, incluida la Inmaculada, Bernardet y el altar, pero me ha parecido la gruta, es decir todo el conjunto, pequeño, muy pequeño y he ido a advertírselo” (9 Agosto 1937; 1, 135)

•  “He recibido también la fotografía de la Gruta de Lourdes (de Claypole), ¡qué fea es esa mal llamada gruta! – Vean un poco a ver si se puede ajustar, si no, veremos si la rehagamos para hacer otra: ¡cómo me disgusta!” (1, 210 e 214). “Y en cuanto a la Gruta de Lourdes, quisiera, si fuese posible, que la roca se elevase un poco más sobre el nicho donde está la Inmaculada, porque termina pronto, no es natural que la montaña termine pronto, a pocas palmas sobre el nicho, y de este modo quisiera que Bernardet estuviese más abajo, no por tierra, pero casi, porque está muy cerca, demasiado, de la Virgen, y eso no es natural, ¿no os parece?” (1, 217)).

•  “Dime claramente qué piensas de la Gruta de Lourdes de Claypole, y cómo va Claypole” (29, 243). Don Orione insiste para que la mejoren. Finalmente Don Dutto (13 de abril de 1938) le comunica: “Por fin está acabada y ha quedado bonita”. La próxima vez le enviará la fotografía. Por nuestra cuenta hemos hecho hacer una especie de presbiterio delante de la Gruta”.

•  “Espero que haya resultado bien la fiesta hecha en Claypole – y que las señoras (madre e hija) que han donado la gruta de Lourdes hayan quedado satisfechas” (51, 118).

•  “He recibido tu carta (de Don Cremmaschi). Estoy contento por la Gruta y la Capilla de Lourdes y lo bendigo de corazón; – veo bien y bendigo de corazón también el resto. Mira que las obras de Dios empiezan con poco, y no se plantan enseguida a lo grande. Haz tú también como la Virgen manda” (2, 213).

•  En Niteroi (Río de Janeiro) había una gruta de Lourdes de la que era un entusiasta: “He leído con gran placer los primeros números del Boletín Religioso “La Nueva Lourdes Brasileña” editado en Niteroi con la aprobación y bendición del obispo, su Excelencia Monseñor Don Giuseppe Peregra Alves, boletín que tiene el santo objetivo de difundir la devoción a la Blanca reina de los Pirineos, tan venerada en su maravillosa gruta de Lourdes al Sacco de S. Francisco en Niteroi” (94, 137).

•  También muchas personas de Argentina y de Uruguay me hablan con entusiasmo de las consolaciones espirituales probadas al visitar en Brasil la Gruta de Lourdes en Niteroi y de las gracias recibidas.

• En Génova, en el Pequeño Cottolengo de la Vía Bosco, Don Orione quiso y bendijo la “gruta de Lourdes”. Sor María Stanislaa continuó con la devoción con mucho fervor.

Contento con las peregrinaciones a Lourdes

•  “Díganle a Don Perduca que estoy bien contento con que Sor Cecilia vaya a Lourdes. Y que rezaré por ella” (17,46).

•  Una peregrinación a Lourdes fue conducida por Don Cremaschi con los novicios de la congregación (18, 172 y 204). Después le escribe: “Te estoy muy agradecido por la oraciones en Lourdes: toda mi confianza, después de los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor, está sobre la Virgen.” (2. 225).

•  “Han vuelto los de Lourdes: están bien, pero casi que, si hubiese puesto, pensaría en mandar a Risi y también a Varallo: veo que les ha hecho mucho bien” (33, 200).

•  “(A Don Gugliada): “Te ruego de querer aceptar, a favor de la Obra de los enfermos de Lourdes, – por ti promovida y dirigida en la diócesis – L. 500, que incluyo. Es poca cosa, pero haré también rezar” (40, 107)

•  “He tomado con placer saber que su señora va a Lourdes: dígale que rece a la SS. Virgen Inmaculada por mí. La conforto en el Señor y la bendigo tres veces” (41, 238).

•  “Le agradezco las oraciones hechas por mí y mi Congregación (Ambrogio Solari), por parte de su señora y de sus hijos hechas en Lourdes” (51, 237).

•  “Esta noche (23.8.1922), a las 9.30 parte para Lourdes un joven nuestro, estudiante de leyes en la R. Universidad de Roma. Se ha hecho de la Congregación y quisiera que a los pies de la Inmaculada de Lourdes pusiese el habito de Clérigo: tiene 29 años” (65, 251 y 96, 126). “Un abogado hermano nuestro, de Roma, optimo elemento, ha hecho la vestición en Lourdes de manos del Cardenal Laurenti, Prefecto de los Religiosos en la peregrinación italiana” (1, 56).

•  “Deben saber que el Canónigo Gugliada todos los años ha tomado el encargo de conducir a Lourdes una peregrinación con algunos enfermos: él lo provee todo. Ahora, nuestra oferta, que para él será gratísima, consistirá en una suma ofrecida por el viaje de un enfermo pobre a Lourdes. Esta suma, para demostrarle nuestro reconocimiento se la ofreceremos en oro” (Vb, 21).

•  “La devoción a la Inmaculada se difundió cuando Pio IX la proclamó solemnemente; cuatro años después se aparecía la Virgen en Lourdes y decía: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Son innumerables las peregrinaciones que se van repitiendo cada año, allí donde la Virgen se apareció y dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Venía con sus prodigios, con sus milagros, a confirmar las palabras infalibles del gran Papa Pio IX. Hagamos en estos días, una especial peregrinación espiritual a la gruta de Lourdes” (VII, 119).

Deseó abrir una casa en Lourdes

“Cuánto me gustaría tener una Casa en Francia y en Lourdes, pero cuestan demasiado, una cuesta 170.000 francos y la otra 160.000: no puedo, aunque con mi disgusto, hacer este gasto. Cuando la Inmaculada de Lourdes quiera que mi Congregación se establezca cerca de la Gruta enviará alguna Providencia” (51, 237).

“He hablado al Bourdieu de las casas que se venden en Lourdes y le ha hecho ver los precios. A él le gustaría la idea de que nuestra congregación pudiese entrar en Francia per Mariam, y parece que piensa en la posibilidad de ayudarme, y podría ser la Casa de los argentinos, a los pies de la Gruta de la Purísima, y dar hospitalidad gratuita, por tres o cuatro días, de manera particular a los Vicentinos o a familias Argentinas. ¿Le gusta la idea? ¿Quién sabe si no será una inspiración de la SS. Virgen?” (29.5.1937 : 97, 234, 119, 75).

Deseó ir de peregrino a Lourdes

•  A Don Lovazzano, 22.2.1911: “Estoy contento con las noticias que me das sobre la peregrinación a Lourdes; sí con la ayuda de Dios, cuento con la idea de ir” (66, 57). Después a Don Sterpi, el 21.3.1911: “Había dicho a Don Lovazzano que aceptaba ir a Lourdes; pero no quisiera, que con mi partida influyese, y que el Obispo no quiera ir” (11, 67). Y no fue.

•  A la vuelta de América Latina, el 14.6.1922, escribe a Don Casa: “Parto de Brasil el 18 del corriente, en el Lutetia, desembarcando en Bordeaux. Atravesaré Francia y pasaré por Lourdes” (29, 156). Después sin embargo, el 18.6.1922, al mismo“No voy ya a Lourdes; pero a Lourdes iremos juntos; estate seguro que iremos juntos” (29, 161).

•  A don Adaglio, 28.9.1930: “Tenía el viaje pagado también para Lourdes, por aquel Director Sp. de las peregrinaciones genovesas, y no he podido ir por indisposición. Es un malestar del estómago que va y viene, y ahora iré a Roma para los rayos, porque algún médico dice que podría ser una úlcera o un tumor, y que, tomado a tiempo se puede curar. Yo creo que no es nada, tal vez algo de nervios” (5, 476). A Don Parodi, 17.9.1930: “No voy a Lourdes, iré sin embargo a Roma pronto, tal vez en unos días” (8, 73). A los hermanos Chiarella: “Respóndanles que Don Orione tenía que estar hoy en Lourdes, pero que no fue, porque no estoy en buenas condiciones de salud. Deberá acercarse a Roma para unas curas” (103, 213).

•  El año después a Don Galbiati, 1.10.1931: “Deseaba tanto ir a Lourdes, – donde no he estado nunca, con la peregrinación genovesa, (y ya tenía hasta el billete), – e iba también a tener un momento para poder hablar con Su Eminencia el Cardenal y Arzobispo de ustedes; pero después, tuve en esos días que ir a Roma para convencer al maestro Perosi de que volviese a Tortona, después de 30 años, y por eso no pude” (34, 61).

•  “Humillo ante Vuestra Eminencia Reverendísima mis devotos homenajes y ruego a la SS. Virgen para que bendiga largamente a la Peregrinación Genovesa de Lourdes y de dar al corazón de Vuestra Eminencia como al de todos los peregrinos toda celeste gracia y consolación. ¡Oh, cuánto desearía también yo ir a Lourdes! Me uniré en espíritu, y en tanto, envío un querido hijo espiritual, ya Estudiante de leyes en la R. Universidad de Roma. Él desearía vestir el hábito de clérigo a los pies de la SS. Virgen de Lourdes, y yo le doy una pobre sotana y, conociendo probadamente la gran bondad de su Eminencia Rev.ma, le quisiera pedir que se dignara imponerle dicho hábito” (81, 78).

ALGUNOS TEXTOS DE DON ORIONE SOBRE LOURDES

 

El enfermo a la Virgen de Lourdes

Una oración interpretando los sentimientos del enfermo publicada en el Boletín de la Obra de la Divina Providencia, el 18 de febrero de 1900.

¡Virgen cándida y milagrosa! – ¡Inmaculada Concepción! Son ya varios años en los que he perdido la santidad y sufro. Ya no sé que hacer para curarme… he intentado ya todo lo que puede sugerir la ciencia y el empirismo… ¡Quisiera tener aún coraje, estar arriba, rezar, estudiar, estar ocupado! Pero mi cuerpo esquelético no quiere ya reaccionar, se repliega, se abandona, y busca la cama… ¡tal vez ya no me levante más!

¡Virgen cándida y milagrosa! ¡Inmaculada Concepción! ¡Curadme vos! ¡Soy joven, la esperanza, el consuelo de mis padres! Y ¡cómo me disgusta morir! ¡Curadme! ¿He de daros algo? ¿He de haceros alguna promesa a cambio? ¡Oh! A cambio de la salud, ¿qué es lo que no se pueda dar o prometer? ¡Sé que mi corazón está preso de algunas cosas contrarias a mis deberes de sincero cristiano! En sacrificio ¿qué queréis?

¡Virgen cándida y milagrosa! ¡Inmaculada Concepción! ¡Todo… todo lo sacrifico a cambio de que vos me curéis! ¡Purgaré mis afectos… quemaré los libros frívolos… no leeré ya periódicos mundanos! Repararé los escándalos. Y mi vida de ahora en adelante será toda y para siempre conforme a las enseñanzas de Vuestro Divino Hijo, y a los mandatos de mis superiores. Oh, a cambio de la salud ¿qué no podré dar o prometer?

¡Virgen cándida y milagrosa! ¡Inmaculada Concepción! ¿Hasta cuándo me aplazaréis la gracia? ¡Pronto, oídme pronto! El molesto mal mío, las prolongadas abstinencias, las incertidumbres sobre el modo de curarme, el ocio forzado, la soledad y la ausencia de mis fuerzas forman tal madeja de sufrimientos y de punzadas de alfileres que ya no aguanto más. ¡Oh Virgen, óyeme! ¡Pero heme aquí de nuevo estimulado! ¡Tal vez pueda curarme sin Vos… y volver de nuevo a la vida de antes, mundana, descerebrada, pecadora!

¡Virgen cándida y milagrosa! ¡Inmaculada Concepción! Alejad de mí estos estímulos… ¡yo con vuestra ayuda, seré fuerte, constante, fiel! Oh, ¿qué no se podrá dar o prometer y hacer a cambio de la salud? ¡Escuchad mi enferma petición! ¡Curadme! (71, 153-154)

María Santísima y Francia

Publicado en el Boletín de la Obra de la Divina Providencia (el 30 de junio de 1917), contada la noticia de una intervención prodigiosa de la Virgen ocurrida en la batalla de la Marna. La primera batalla de la Marna (conocida también como el “Milagro de la Marna”) fue una batalla de la Primera Guerra Mundial combatida sobre el frente occidental del 5 al 12 de septiembre de 1914. El evento constituyó un punto de vuelta en el curso de la guerra porque significó la caída del Plan Alemán Schlieffen y, por cuatro años, el fin de la guerra de movimientos. Es difícil establecer los fundamentos de los “hechos publicados en los periódicos” y reportados en este artículo.

No sabemos si algún… espíritu fuerte se sonreirá, leyendo estas líneas, pero cualquiera que haya seguido atentamente los avatares de esta terrible guerra sabe muy bien que la gran victoria francesa en la batalla de la Marna, es hasta hoy un misterio, como reconocieron muchos críticos militares.

La batalla de la Marna, con la que pudo salvarse París y Francia de la invasión definitiva de los alemanes, debía ser vencida por los soldados del Kaiser, que, por número y potencial bélico, eran claramente superiores al ejército francés. Y por el contrario la victoria sonrió a Francia, guiada por el generalísimo Joffre y por el general Castelnau, ambos fervientes católicos.

Los críticos militares, no pudiendo explicar esta victoria, no dudaron en que ella fue debida a una intervención divina; lo que ahora se va manifestando mediante los siguientes hechos, que demuestran cómo la Virgen de Lourdes protegió y salvó a Francia, en aquella grandiosa y decisiva batalla.

He aquí los hechos publicados por los periódicos, y a los cuales queremos dar el valor demostrativo que ellos merecen, no queriendo prevenir el juicio de la Iglesia y de la historia.

1° – Un sacerdote alemán, herido y hecho prisionero en la batalla de la Marna, murió en una ambulancia en la que se encontraban algunas religiosas. Antes de morir las dijo: «Como soldado quisiera reservar el silencio, pero como sacerdote debo decirles lo que vi bien claramente. Durante la batalla de la Marna tuvimos la sorpresa de retroceder, aunque fuésemos legiones en comparación con las tropas francesas y contásemos con la seguridad de entrar pronto a París. Nosotros vimos a la SS. Virgen vestida de blanco y con una faja azul, vuelta sobre París. Ella nos volvía la espalda y con la mano derecha parecía empujarnos hacia atrás. Y eso es lo que yo vi, y fue visto también por numerosos de nuestros compañeros de armas».

2° – El día en el que dicho sacerdote hablaba de tal modo, dos oficiales alemanes, heridos y hechos prisioneros, entraban en una ambulancia francesa de la Cruz Roja. Estaban acompañados por una señora enfermera. En el momento en que entraron en una sala donde estaba colocada una estatua de la Virgen de Lourdes, ellos, mirándose el uno al otro, tuvieron un sobresalto y uno dijo: ¡Oh, aquella es la Señora de la Marna! La enfermera les pidió que explicaran lo que querían decir con esas palabras; pero ellos callaron.

3° – La mejor prueba de la autenticidad de estos relatos consiste en el siguiente hecho. Una religiosa que asistía a los heridos en Issy-le Molineau escribía: – Después de la batalla de la Marna, entre los heridos en cura en Issy encontré un alemán gravemente herido, su caso era desesperadísimo. Era católico y demostraba sinceros sentimientos de su fe. Todos los enfermeros eran sacerdotes. El herido recibió todos los consuelos de la religión, y no sabía de qué modo mostrar su agradecimiento: se le oía frecuentemente exclamar: «¡Quisiera hacer cualquier cosa por agradecerles!». Un día, en fin, cuando recibió la extremaunción, dijo al sacerdote enfermero: me habéis curado y asistido como si fuese sido vuestro hermano y yo, a cambio os daré prueba de mi agradecimiento contándoos algo que, si no es para mi favorable, les dará al menos placer a ustedes. Si estuviese en el frente, por lo que les voy a decir, sería sin duda fusilado; dado que se nos prohibió, bajo pena de muerte, lo que les voy a referir. Ustedes franceses fueron los primeros sorprendidos por nuestra súbita retirada, después de haber llegado a las puertas de París; pero la verdad es que no podíamos seguir más adelante. Una visión celeste se interponía en nuestro avance, empujándonos hacia atrás cada vez que se nos ordenaba avanzar. Durante algunos días estábamos creyendo en la aparición de alguna protectora nacional, Santa Genoveva o Santa Juana de Arco; pero pronto comprendimos que era la misma Virgen SS. quien impedía nuestro avance. El 8 de septiembre nos empujó con tanta fuerza que todos nosotros como un solo hombre huimos asustados. Tal hecho que os he referido lo oirán más tarde, indudablemente, porque somos más de cien mil hombres los que hemos visto a la SS. Virgen.

Otro hecho muy auténtico tiene que ver con Verdum. Las hijas del general Castelnau contaron que su padre les había escrito que, durante dos noches seguidas, oyó una voz que le decía: «¡Ve a Verdum, ve a Verdum!» La primera vez no hizo caso pero la segunda noche, al oír aquella voz se levantó y telefoneó a Joffre, contándole lo que le había sorprendido; y el Generalísimo le respondió: «Ve corriendo a Verdum». Castelnau partió inmediatamente, llegando justo en el momento en el que todo estaba a punto de perderse. Dio rápidamente las contraórdenes, cambió los comandos, trasladó regimientos, implementó una nueva táctica, y finalmente desconcertó a los esforzados alemanes. (71, 204-206)

¡Honremos a María!

Publicado en el Boletín de la Virgen de la Guardia el 15 de febrero de 1934.

Se cumplen ahora 75 años desde que María Inmaculada se apareció en Lourdes a aquella sencilla y piadosa Bernardet que desde hace pocas semanas la Iglesia ha levantado al honor de los altares.

Días de alegría y bendiciones aquellos y estos días en los que se habla de la materna bondad de la Santa Virgen, del privilegio singularísimo y de los dones con los que fue enriquecida, y que nos llevan enfervorecidos al amor de Ella.

¡Qué bello y digno honrar a María Inmaculada, la más santa de las creaturas, tanto en la canonización de Bernardet como en el 75º aniversario de las apariciones de Lourdes!

La Bendita entre las mujeres quiso aparecer vestida toda de blanco y a la humilde jovencita le dijo: ¡Yo soy la Inmaculada Concepción!

Y con las repetidas apariciones y los continuos prodigios se dignó a confirmar el consolador dogma de la Inmaculada, proclamado cuatro años antes por el angélico y gran Papa Pio IX.

María es Inmaculada porque fue redimida por Cristo por preservación, y de un modo así más completo y perfecto que cualquier creatura humana.

María fue creada por Dios exenta del pecado y de cualquier sombra de culpa original, y querida inmune de cualquier otro pecado actual, porque tenía que ser absolutamente inmaculada, y siempre inmaculada, la Madre de Dios.

María es Inmaculada, y llena de gracia por Sí y por todos los hijos de Eva, porque de todos tenía que ser ejemplo y Madre.

Y todo el esplendor, la pureza y las gracias de los ángeles y de los santos del cielo, reunidos juntos, no pueden de hecho igualarse en esplendor, la pureza inmaculada, la plenitud de las gracias con las que Ella resplandece adornada.

Es cierto, Jesucristo, y Cristo sólo nos redimió, e hizo que donde abundaba la culpa, allí sobreabundara la gracia.

Pero María Santísima cooperó también Ella, por gracia, en la Redención; ella sola hecha digna de Dios a quien el Ángel saludase como gracia plena y Madre de Dios, Ella fue verdadera y propia colaboradora de la Redención de todo el género humano, ofreciendo sobre el Calvario, con infinito desgarro de su corazón de Madre, pero con libre y firme voluntad, a Cristo su verdadero Hijo, en holocausto de paz y redención al Padre celestial.

Honremos por tanto a María con la oración, difundiendo su culto, con devoción ternísima e imitando sus virtudes.

Perfeccionemos nuestra alma con obras de fe y de amor a Dios y a los hermanos.

Honremos a María, deponiendo el orgullo y viviendo en gran humildad: ¡María fue tan humilde!

Quien se conoce bien, se vuelve vigilante a los propios ojos y no se complace en las alabanzas humanas.

¡Honremos a María! y desapeguemos nuestro corazón de los bienes de esta miserable tierra, que acá abajo, todo es vanidad, las riquezas caducan y el humo de los honores y los deseos de los sentidos: ¡todo son desengaños!

¡Amemos la beata y espiritual pobreza, tan querida a la Virgen, levantemos el espíritu en alto a las cosas invisibles, y corramos allá donde el gozo es sempiterno!

¡Honremos a María! ¡Invoquémosla, supliquémosla que nos infunda un poco de su inmaculada pureza y de purificarnos: que nos dé la mano y nos conduzca: que nos dé la sencillez de un corazón puro, que ve a Dios, que pretende a Dios: que nos dé la Santa Virgen el amor de Jesús sobre toda cosa, y fuerza de voluntad para caminar virilmente con Cristo!

¡Honremos y amemos a María! ¡Amémosla como hijos, dulcísimamente, amémosla mucho!

¡Mañana, en el cielo, nos uniremos a los ángeles y a Ella en la alegría, en el gozo inefable, y, en María SS. y con María, honremos y amemos eternamente a Dios! (106, 97-98).

La Inmaculada: el dogma y las apariciones en Lourdes

En el año 1854 se hizo oír una palabra en el Vaticano; la palabra del Vicario de Jesucristo que proclamaba como dogma de fe la Inmaculada Concepción de María.

No era tanto el triunfo de María, sino el triunfo y la proclamación de la virtud sobre el vicio, de la pureza sobre la corrupción, de lo sobrenatural sobre lo terrenal, de la fe sobre la incredulidad. Y María Inmaculada aplasta de nuevo con su pie potente la boca infernal; y aplasta todas sus cabezas, y donde quiera que se vea un rescoldo vigoroso de fe, de piedad, y de confianza en esta gran Madre.

El Concilio Vaticano, conducido felizmente hasta la definición de la infalibilidad pontificia, es la más bella, la más fúlgida gracia providencial que María Inmaculada haya podido hacer a este siglo de incredulidad, como llegó a confesar el propio Pio IX; porque con este dogma la incredulidad encontrase por siempre cerradas las puertas para invadir el campo místico de la Iglesia.

Y no fue bastante aún para la Inmaculada Madre de la Divina Providencia. Ella se apareció maravillosamente en Lourdes; allí las peregrinaciones de los fieles fluyen numerosas de todas partes del mundo; allí María realiza gracias portentosas, ante las cuales ha de inclinarse el incrédulo más escéptico; allí la potencia, la bondad, la misericordia, la providencia de la que hablará después en el Cantar de los cantares, ¿No parece escrito propiamente de arriba abajo para magnificar a esta Esposa del Espíritu Santo, a esta Madre providencial del Divino Verbo, para describir con simbólicas alegorías sus excelsas prerrogativas de naturaleza y gracia? Ella es comparada con aquel pozo de agua viva, con aquella fuente sigilosa, y con aquel huerto cerrado, donde surgen las granadas, y los árboles todos del Líbano, y donde están las plantaciones de todos los aromáticos perfumes. Ella es resplandeciente como la aurora que surge, bella como la luna, elegida como el sol, terrible como ejército aguerrido para la batalla, suave como la misma Jerusalén” (119, 101).

Cuenta las apariciones de Lourdes

Exposición simple dirigida a sus clérigos y cohermanos.

Pio IX, el Papa de la Inmaculada, definió que María Santísima fue siempre toda pura, toda santa, y definió también el dogma de la infalibilidad pontificia, pocos años antes de la toma de Roma. Después, a los cuatro años de la definición del dogma de la Inmaculada, el 11 de febrero de 1858, una humilde muchacha que había salido de su casita para buscar leña con la que cocer la comida familiar. Salió con una hermana. Ella, de nombre Bernardet, había estado siempre debilucha; las otras eran más robustas, y llegaron a un riachuelo, llamado el Gave, un poco a las afueras del pueblo de Lourdes. Ellas se habían descalzado y llevaban los zuecos para pasar descalzas… Ella, educada por unos parientes, había vuelto al pueblo para hacer la Primera Comunión… Las otras, se fueron adelante sin esperarla, sin lanzar alguna piedra grande para poder pasar el riachuelo; y ella llegada al río se descalzó, se quitó el pobre calzado y, mientras hacía esto, sintió como un ruido y miró hacia las ramas de los árboles. Estábamos en febrero; oyó como un rumor entre las ramas, miró y vio que no se movían… Y entonces fue atraída por algo extraordinario y vio iluminada la gruta, y sobre el fondo, una imagen sobre humana, como de una joven de unos 17 años, vestida de blanco, con los pies adornados por una rosa de color dorado, y tenía en el brazo una corona de perlas engarzadas en oro. Y la Virgen vestida de blanco empezó a rezar el Rosario; también Bernardet traía su rosario y quiso empezar a persignarse, pero solamente cuando la Virgen hizo el signo de la cruz, ella pudo mover el brazo, y recitó el rosario con la Beata Virgen. Después la visión desapareció. Volviendo donde ella la hermana y las compañeras se empezaron a burlarse de ella y a tomarla el pelo.

Ella no quería decir nada; pero había quedado en sus ojos y en su rostro y en toda la persona de Bernardet algo de sobrehumano; la luz que resplandecía del rostro inmaculado de María había también irradiado el rostro de aquella humilde muchacha. Dijo a sus compañeras: – Se ustedes no tienen nada que decirme tampoco yo tengo nada que contaros. – La parecía que tenía que conservar su secreto, pero después volvió a casa… Y después las visiones se sucedieron por 18 veces, con intervalos, hasta el 16 de julio, cuando ella, por orden del párroco, interrogó a la Virgen Santísima quien era: y le respondió: – Yo soy la Inmaculada Concepción. Y la jovencita, vuelta al pueblo, en su sencillez decía entre sí: No es la Virgen, sino que es la Inmaculada Concepción. La Virgen dijo esas palabras en el dialecto del pueblo, medio Francés y medio Español, en la lengua del pueblo, como Jesús, que hablaba a la multitud en el dialecto del país, en Arameo. Después la mandó cavar un poco en el terreno y surgió enseguida un pequeño manantial de agua, y esa fuente, echa centenares de litros de agua. ¡Es el agua milagrosa de Lourdes!

Y así, a cuatro años de distancia de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, la Virgen Santísima, con una aparición que repitió 18 veces y con prodigios que van repitiéndose desde 1858, quiso de un modo celestial e indiscutible, sancionar, aprobar la verdad del dogma que el Pontífice había proclamado: “Yo soy la Inmaculada Concepción” (A los cohermanos del “Paterno”, el 27 de noviembre de 1938)

Los grandes eventos de Lourdes alimentan la devoción y la virtud

“Hoy es el primer día del triduo en preparación al aniversario de las apariciones de la Inmaculada en Lourdes: 11 de febrero de 1858. Queremos recordar a la Virgen de un modo especial en estos días; y recordarla en su singular privilegio como Toda Pura, Toda Santa, Toda Inmaculada. Y aún algo más. Ella dijo: ¡Yo soy la Inmaculada Concepción! No dijo: Yo soy María Inmaculada, sino que dijo algo más: Yo soy la Inmaculada Concepción, sería como decir: no soy pura, sino que soy la pureza; no soy virgen, sino la virginidad misma. Yo soy la inmaculada concepción. No dijo: ¡Yo soy María Inmaculada!, para no dejar suponer que pudiera haber alguna otra también Inmaculada… Lo dijo el 25 de marzo, después de tantas insistencias de aquella pobre muchacha que, por el deseo del cielo y de tanta gente, repetidamente le había preguntado: ¿Quién sois?… Y Ella sonreía, inclinaba la cabeza, pero no hablaba. Ya había hablado antes sin dificultad; pero había dicho y repetido: recen por los pecadores; había dicho: ¡hagan penitencia, penitencia, penitencia!… Pero ahora, ¡vean la humildad de la Santísima Virgen! Ella no habla casi como rehuyendo de decir quien era, ¡y lo dice además en dialecto, más Español que Francés, el dialecto de Lourdes!

Lo dijo en dialecto el 25 de marzo. Si lo hubiese dicho en Francés, Bernardet no lo hubiera entendido. Lo dijo el 25 de marzo, el día en el que se recuerda la aparición del cristianismo sobre la tierra, se recuerda el mayor acto de misericordia de Dios, la Encarnación del Verbo, se recuerda el más grande de los privilegios de la Santísima Virgen, ¡su maternidad divina!… os lo he dicho ya otras veces que incluso el año civil en la antigüedad empezaba el 25 de marzo: Ab Incarnatione Domini. El 25 de marzo es una de las fiestas más grandes, la verdadera fiesta de la Mater Dei, cuando el Ángel le dijo: ¡Ave, María, tú eres llena de gracia!… Pero no sólo Le dijo esto, sino que añade: Tú has sido elegida para ser la Madre de Dios. Estas cosas nos enseñan y recuerdan el dogma de la Inmaculada Concepción.

No voy a estar contando las apariciones de Lourdes… Ya saben que la Virgen se apareció vestida de blanco, con una faja azul, con dos rosas de oro sobre los pies desnudos, una corona de rosario con las Ave de color de leche… Pasaba los granos mientras Bernardet recitaba el Rosario. María Santísima no recitaba el Ave María. Y esto fue contado por Bernardet siempre, hasta su muerte. Cuando Bernardet y los otros recitaban el Ave la Virgen no abría la boca… Cuando se llegaba al Gloria Patri, también María Santísima repetía Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto… Cuando había que celebrar al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, por tanto cuando no celebraban con palabras sobre ella misma, entonces la Virgen rezaba y decía el ¡Gloria al Padre u al Hijo y al Espíritu Santo! ¡Cuántos años han pasado desde aquel 11 de febrero y de aquel 25 de marzo!…

Preparémonos para celebrar esta gran festividad de las Apariciones de María Santísima en Lourdes, a celebrar la bondad materna de María Santísima que quiso abrir allí una fuente de gracias; y siendo ella llena de gracia, quiso hacer perennes aquellas apariciones con una fuente viva de gracias.

Y la fiesta de las Apariciones coincide con muchos otros eventos cercanos a nuestro corazón: el 60° de Misa del Santo Padre, el 20° año de su Episcopado y el décimo año de la Conciliación de Italia con la Iglesia. Y todos los obispos de Italia se unen al Vicario de Jesucristo en la tierra para darle un certificado de adhesión y de su amor. ¡Quien sabe desde hace cuántos años no se hace algo así!… Y nosotros ¿qué haremos sino prepararnos para agradecer y bendecir al Señor, e implorar las gracias más hermosas y divinas sobre la cabeza de nuestro gran Padre y Santo Padre, por intercesión de la inmaculada concepción? Preparémonos y purifiquemos nuestros corazones, renovemos el fervor y que queden las Apariciones de la Inmaculada en Lourdes y el recuerdo de tantos santos eventos, como uno de los puntos luminosos del camino de nuestra vida” (En la Capilla del “Paterno”, 8 de febrero de 1939).

A los 60 años de las apariciones de Lourdes: los hechos y el mensaje

“Oh María concebida sin pecado ruega por nosotros que recurrimos a ti”.

Hoy se cumplen sesenta años desde que la SS. Virgen Inmaculada se apareció en Lourdes recomendando la oración y la penitencia. ¡Ay si el mundo hubiese escuchado entonces la palabra materna de María Inmaculada!; no tendríamos ciertamente la guerra atroz que va devastando pueblos y naciones.

Son ya sesenta años desde que la pobre y humilde Bernardet, que salía con las hermanas y compañeras a buscar leña más allá del Gave, fue como una sacudida de un viento no común, un viento sobrenatural, y alzando los ojos hacia el punto de la gruta, donde había entrado, vio en una cavidad de la roca a la Celeste Señora vestida de blanco. Le ceñía la figura un lazo azul, un manto cándido como la nieve le bajaba por los flancos y llevaba en el brazo el Santo Rosario.: ¡era la Inmaculada!

Tomándolo entre sus benditas manos comenzó a rezar, y con ojos de tierna Madre, miraba a la humilde jovencita, invitándola a rezar y a volver de nuevo. Volvió la muchacha y volvió también la Virgen, demostrando no ser Ella una ilusión, ni el espíritu del abismo revestido de luz, que era en vano esperarla con el Agua Santa como hacía Bernardet, casi para alejar de ella un espíritu que no fuese de Dios.

Se apareció aún la Virgen, cuando la muchacha no estaba sola sino rodeada por una multitud devota que, de rodillas, gozaba de esa visión de Paraíso. La humilde Bernardet, raptada en éxtasis, tenía entre las manos la vela encendida y dejaba que la llama quemase sus dedos sin mostrar dolor alguno, de tal modo estaba absorta al contemplar a la inmaculada que llena de bondad le dijo: “Escucha, ¿quieres un signo que atestigüe mi presencia? Las rosas que tengo a los pies ya son uno, pero ¿ves allá la tierra árida y de guijarros? ¡Escava allí y encontrarás agua, la fuente viva, persígnate y bebe!”.

Aún hoy, después de sesenta años, aquella agua sigue beneficiando a la humanidad sufriente y realiza los más estrepitosos milagros. La última vez que la Inmaculada se apareció, fue el 25 de marzo, día en que Bernardet preguntó y obtuvo de los labios de María aquellas palabras: “YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN”.

¡Oh! Bendita la humanidad que obtuvo aún este don celeste de la Madre Divina. Cuatro años antes, es decir en 1854, el angélico Pío IX, había declarado dogma de fe la Inmaculada Concepción de la SS. Virgen; la había proclamado toda pura, toda inmaculada, desde el primer instante de su vida. El 11 de febrero de 1858 María Santísima quiso con sus apariciones, confirmar el dogma del Vaticano y Ella misma se declaraba “LA INMACULADA CONCEPCIÓN”.

El obispo de Tarbes, que es también obispo de Lourdes, en estos días ha escrito una carta a los Obispos de Francia, recordando a propósito, como propiamente hoy se cumplen sesenta años del día en el que la SS. Virgen se signó comparecer por primera vez en la Gruta de los Miserables. Y e prohíben la organización de peregrinaciones, como se hacía en años precedentes desde toda Francia, desde España, desde Italia, desde Inglaterra e incluso desde la lejana América. El obispo recomienda a todos los fieles que desde hoy hasta el 25 de marzo, día en el que se apareció por última vez, vayan espiritualmente peregrinando hasta la gruta bendita. No seremos nosotros precisamente los que nos quedemos fuera, firmes tratándose de ir a los pies de María SS. y llevar ante Ella todos nuestros afectos. ¡Oh, vayamos a María! ¡A María toda pura, toda bella, toda Inmaculada! Ella nos dará a Jesús, con Él tendremos la paz, la conversión de nuestras almas y las de todo el mundo.

Si nosotros hacemos penitencia, si rezamos, implicamos a María en liberarnos de todos los males que nos afligen y que provienen de la completa apostasía a Dios de toda la vieja Europa. La paz que todos tanto deseamos de corazón, vendrá en el mismo momento en el que el mundo reconozca no poder hacer nada sin Dios.

¡Oh, invoquemos, invoquemos a María!, para obtener la paz, que interesa no tanto al corazón de Dios sino al corazón de los hombres. Imploremos ante ella la pureza de los entendimientos, la pureza espiritual de caridad que enderece toda nuestra vida y despegue nuestro corazón de todo lo que es caduco.

Y dado que la Virgen se ha aparecido con el Rosario en la mano, recomendando la penitencia, oremos pues y hagamos penitencia. Tanto más cuando hay tanta necesidad de oración y de penitencia en estos días en los que el mundo cree que todo es lícito y está permitido.

Tratemos de rezar más, de hacer más penitencia, en resumen de servir y de seguir al Señor de modo más perfecto. Por intercesión de María SS. Inmaculada nos conceda el Señor cumplir bien la peregrinación espiritual y recogiéndoos en vosotras mismas, conduciros allá donde la SS. Virgen ha hecho brotar con un prodigio de su bondad, el agua viva, fuente de gracias y de misericordias, y suplicadla que santifique vuestras almas, vuestros corazones, vuestros pensamientos y vuestros afectos, de modo que puedan santificar las almas que Dios ha colocado al lado de ustedes; y un día todos unidos en el Paraíso, podamos cantar sus gracias y sus divinas misericordias” (A las PSMC, 11 de febbraio de 1918).

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