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Miguel de Cervantes

Posted in Actualidad,Literatura por padreteo en 23 abril, 2016
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(Algo había que poner hoy de él y he encontrado esto, bien interesante)

CERVANTES, hidalgo y español1

A Martín de RIQUER, con la gratitud y admiración de quien siempre será su sempiterno discípulo.

"CERVANTES pudo no nacer, o dedicarse a otras cosas […] pudo no existir como escritor. Ahora bien, una vez existente, resulta que no sólo la literatura española, sino la realidad entera de España nos aparece condicionada a él".
(Julián MARÍAS2)

don-quijotetf-1-728 Poco sabemos de la vida de CERVANTES. Los hechos veraces de su existencia se nos antojan excesivamente escasos, aunque las sutilezas e insinuaciones que sobre sí nos ofrece en su obra sean generosas en cantidad y calidad.

El trabajo que a continuación presento no aspira a ser una biografía más de quien un día gestó y alumbró, para su gloria, a Don Quijote. Inversamente proporcional a la cantidad de hechos demostrables que de su vida tenemos, el número de biografías, ensayos biográficos y apuntes sobre CERVANTES ha sobrepasado, con mucho, los límites estipulados por la mesura. Por eso, quisiera salirme de los cauces normales sobre los que se han asentado toda esta caterva bibliográfica y adentrarme en otro tipo de terrenos donde mi "estéril y mal cultivado ingenio" tenga algo que decir, si no para honra del cervantismo, sí al menos para salvaguarda de mi entendimiento cervantófilo.

En estas páginas aspiro a proponer diez personalísimas soluciones a otras tantas cuestiones sobre la vida de nuestro personaje. Aunque la concepción que asumimos de la vida de CERVANTES es la de una amalgama de acontecimientos en los que se hace compleja la distinción entre vida y literatura (la relación entre el hombre y el creador es sumamente íntima y prolongada), formulamos estos interrogantes a partir de hechos existenciales y tratamos de buscarles solución con el enunciado de unas propuestas que, a falta de una mayor profundidad, no pueden merecer otra consideración que la de ser simples hipótesis.

Sobre el nombre:

En la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares se conserva la fe bautismal de Miguel de CERVANTES. El 9 de octubre de 1547 tuvo lugar el hecho religioso. ¿Cuándo nació? Se cree que el 29 de septiembre. La base de esta suposición está en el nombre, ya que en este día el santoral católico celebra el día de San Miguel Arcángel. La proximidad con la fecha del bautismo y la arraigada tradición española de bautizar al recién nacido con el nombre del santo del día de su nacimiento parecen apuntar a que, efectivamente, tal día como el señalado nació.

A esta justificación se ha añadido otra nada desdeñable: el hecho de que ningún familiar cercano, o persona más allegada a la familia, se llamase Miguel. De haber sido así, podríamos justificar el nombre del niño a partir de esta circunstancia.

Hasta aquí todo va bien, pero me resulta incongruente apelar a una tradición española como la citada y no tener presente otra igualmente enraizada en nuestra cultura: poner al primogénito el nombre del padre. Ese primer hijo varón de don Rodrigo de CERVANTES y doña Leonor de CORTINAS -padres de nuestro personaje- se llamó Andrés. De él sólo sabemos que murió muy pronto. Más tarde nacieron dos mujeres: Andrea (1544) -cuyo nombre posiblemente tuvo su origen en el del hermano fallecido- y Luisa (1546). Cuando Miguel nació se convirtió, por tanto, en el único varón de la familia. Podría argumentarse que no es obligatorio bautizar al recién nacido con el nombre del santo del día de su nacimiento o con el de su padre en el caso de ser primogénito; es cierto, pero entonces ¿por qué a su hermano, nacido tres años más tarde que Miguel sí se le puso el nombre de su padre? Evidentemente, de lo que no cabe la menor duda duda es de que entre las pretensiones paternas debía estar la de bautizar a uno de sus hijos varones con su nombre. ¿Por qué no al autor del Quijote?

En la búsqueda de una respuesta a esta pregunta me topé con dos hechos muy significativos: por un lado, un precepto eclesiástico vigente en su momento y en el que se condenaba con culpa venial "al que, sin necesidad ni peligro, tarda más de ocho días en llevar al recién nacido a las fuentes bautismales", y, por el otro, la costumbre de no demorar el bautizo más allá de tres días después del nacimiento, salvo que el pequeño corriera peligro. El bautizo de CERVANTES excedió ambos plazos. ¿Pudo, nada más nacer, estar en peligro su vida? ¿Fue esta situación la que motivó un retraso como el referido?

El temor por la vida del tierno Miguel pudo incitar a la familia a hacer una promesa al santo que lo vio nacer -costumbre también muy enraizada en nuestra tradición-. Salvado éste de cualquier riesgo, en agradecimiento, lo llamaron como lo conocemos. Esta teoría, a diferencia de las anteriores, nos permitiría demostrar por qué su bautizo se retrasó y por qué siendo el primogénito no llegó a llamarse Rodrigo, como su padre.

Esto no es más que una propuesta cuya validez no puede ir más allá de lo afirmado. Pudo llamarse Miguel porque a sus padres les gustó el nombre, porque un amigo íntimo del progenitor así se llamaba, etc.

Sobre su formación cultural.

¿Qué estudios adquirió? ¿Dónde?… ¿Estudió? Sobre los posibles estudios de CERVANTES, como sobre los primeros años de su vida, poco o nada se puede decir. Todo cuanto en este sentido se declare corre el riesgo de convertirse en mera especulación.

No falta quienes se afanan en demostrar algo que al día de hoy es indemostrable: que tenía estudios universitarios. Otros, deseando divinizar el coeficiente intelectual de nuestro personaje, optan por no darle estudios y hacer que su cultura provenga del autodidactismo. Para ello, qué mejor amparo que su declarada afición a la lectura3. CERVANTES, en este sentido, era un "ingenio lego", como lo bautizó Tomás TAMAYO DE VARGAS.

Ahora bien, lo que nunca -o casi nunca- se ha dicho sobre la formación de CERVANTES ha sido el papel indiscutible que en la misma pudo tener Leonor de CORTINAS, su madre. ¿Acaso no pudo ser ella quien enseñase a sus hijos las primeras letras? Téngase en cuenta que sabía leer y escribir, cosa bastante infrecuente en la época, sobre todo tratándose de una mujer. Por otro lado, el modelo familiar español, eminentemente patriarcal, determinaba como responsabilidad femenina la educación de los vástagos, así como la realización de aquellas labores consideradas como propias de su condición. No queremos con esto apuntar que su padre, Rodrigo de CERVANTES, se mostrase indiferente con respecto a la formación de sus hijos -no podemos pronunciarnos ni a favor ni en contra; como tampoco podemos afirmar la influencia que ejerció la madre-; sólo pretendemos mostrar como posibilidad la que apuntamos y para ello, repetimos, nos amparamos en las estructuras familiares comunes de la época.

En lo que todos parecen coincidir, y no mucho tampoco, es en el hecho de que fuese CERVANTES discípulo de Juan López de Hoyos, allá por el año 1569. Tenía entonces veintiún años y, como afirma Martín de RIQUER:

"se hace difícil creer que CERVANTES, a los veintiún años de edad, y perteneciendo a una familia que pasaba tantas estrecheces económicas, fuera todavía estudiante"4.

En un libro que se le encargó, y en el que se insertaron algunos de los primeros poemas de nuestro personaje, presenta Juan LÓPEZ DE HOYOS a CERVANTES como: "nuestro caro y amado discípulo". Hay quienes han entendido este "discípulo" como una prueba evidente de que en ese momento CERVANTES era estudiaba con el referido LÓPEZ DE HOYOS y no han valorado suficientemente los posibles rasgos afectivos y de estima que un término como el señalado puede encerrar5.

Sobre La Galatea6:

La aparición de los mecenas trajo consigo cierta profesionalización del artista de la época. Así, se daba la circunstancia de que había artistas que creaban y cobraban por su trabajo y otros que sólo ejercían para desfogar su espíritu creativo, pero sin muchas esperanzas de ser financiados por estos benefactores del momento. La Galatea, obra que publicó CERVANTES en 1585, responde a este último grupo; es, a nuestro juicio, una obra de pasatiempo.

Resulta difícil ver a un CERVANTES, sin oficio ni beneficio y atravesando una precaria situación económica, escribiendo tan holgados y despreocupados pasajes. ¿Creen Vds. que en la situación en la que estaba se podía dedicar a estos menesteres literarios sin tener quien lo protegiese?7 No tiene sentido. Ahora bien, como pasatiempo sí. ¿Por qué no? ¿Por qué no puede ser que CERVANTES, en sus ratos de ocio -si algunos tenía- se dedicase a escribir una obra muy en consonancia con lo que estaba de moda entonces: las novelas pastoriles?

A golpes de pluma, consiguió terminarla; la vio bien hecha, se enorgulleció de ella y quiso comprobar si existía la posibilidad de obtener algún tipo de ganancias. Vendió el privilegio de impresión a un tal Juan de ROBLES por 227.000 pesetas aproximadamente8.

Pero La Galatea no podía igualarse a las dos joyas literarias del género: La Diana de MONTEMAYOR y la Diana enamorada de Gaspar GIL POLO; insuperables obras pastoriles, con una belleza exquisita en los contenidos y en las formas que bien justificaron su fama. La obra de CERVANTES, por contra, carecía de estas virtudes y lógico es que no alcanzase, ni por asomo, la gloria de las anteriores -salvadas del fuego por el propio CERVANTES en el célebre capítulo del escrutinio de la biblioteca de Don Quijote (I:6)-.

CERVANTES se sintió muy orgulloso de su obra en la medida que supuso su estreno como escritor; a ella siempre se refirió con un cariño muy especial. Pero, para qué negarlo, sufrió con ella un profundo desengaño. Los calculos de CERVANTES fallaron en la medida que una suma de contenidos pastoriles no hace una novela pastoril. Si los personajes, la trama, el espíritu que reinaba en la obra era como el de estas novelas… ¿por qué no triunfó? Se preguntaría .

Al margen de lo que se respondiese, la prueba de ese desengaño al que nos referimos la tenemos en dos hechos puntuales: el primero, que tardó veinte años en volver a publicar su siguiente libro -dejo al margen las poesías de circunstancias que, como si de semillas se tratase, estuvo sembrando aquí y allí durante toda su vida-.

Con La Galatea, compuesta y revisada, el objetivo fue triunfar, buscar una posición económica holgada, que las armas no le habían dado ni los trabajos del tres al cuarto en los que tuvo que ejercerse. ¿Le darían las letras esa posición que buscaba? Probó suerte y una vez que el asunto no salió como esperaba, desechó la senda profesional de la literatura y se sumergió en 20 años de silencio.

Otro hecho capital de esta decepción a la que nos referimos lo tenemos en la eterna promesa de la Segunda parte. Promesa que no sólo no cumplió sino que nunca, jamás, quiso cumplir. Las reiteradas promesas sólo pretendían conseguir que los lectores "perdonasen" los fallos, si así se les puede llamar, de la Primera parte. Prometiendo la Segunda parte, CERVANTES tanteaba la posibilidad de iniciar este proyecto, que no llevó a cabo sólo por el desencanto sufrido, sino por algo que lo limitaba como escritor: "si yo -pudo decirse- que me he desvivido, he dado todo lo que tenía en mí para hacer esto -la Primera parte de La Galatea– obtengo esta respuesta, ¿de qué pozo obtendré la inspiración necesaria para enfrentarme a una Segunda parte que necesariamente ha de ser mejor que la Primera?"

Hasta que la muerte lo llamó, tuvo treinta y un años para hacerla y nunca la hizo, ni un mal bosquejo nos queda de ella. Si dijésemos que no sólo no la hizo, sino que no hizo nada más al respecto…, bueno, "justificamos" esta promesa incumplida, pero en el período que nos ocupa elaboró las dos partes del Quijote (1605 y 1615), las Novelas ejemplares (1613), el Viaje del Parnaso (1614), las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615), el Persiles (1617, obra póstuma), y, con "un pie en el estribo" se ocupaba de Las semanas del jardín y del Bernardo.

No podemos, por tanto, aceptar la promesa de CERVANTES al pie de la letra. Cierto es que hubo inicialmente una intención de cumplirla; pero, con los años, ésta se fue transformando en algo hueco, vacío, irreal.

CERVANTES en El Quijote:

En mayo de 1590, nuestro personaje, cansado de ver cómo en España parecía no haber hueco para él, tras un primer intento fallido, solicitó por segunda vez ir a América. Para ello se dirige a Felipe II, le detalla su brillante historial militar y termina pidiéndole "un oficio en las Indias, de los tres o cuatro a que están vacos". La respuesta fue contundente: con un "busque por acá en qué se le haga merced" se le negó lo que tanto ansiaba.

Con su experiencia militar y el bagaje cultural que atesoraba, sin duda que en América -aún inmersa un siglo después de ser descubierta en su conquista- hubiese hallado el camino adecuado para prosperar y asentarse definitivamente. Con 43 años y sin estabilidad, impedirle ir a América fue como apagar una de las pocas velas encendida que le iba quedando. En un proceso de identificación con su personaje más célebre, Don Quijote, CERVANTES hace que su personaje no vaya a América en busca de aventuras, sino que las tuviese aquí, en España. Aunque este "desvío" de la ruta adecuada se valora en la pretensión cervantina de burlarse de las mentecateces de su personaje cuando busca aventuras donde no las va a encontrar, lo cierto es que la no-marcha de nuestro autor a América fue determinante9.

Los años iban pasando. Poco a poco, el esplendor y la edad áurea de su existencia se iba tornando en un oropel que día a día se descascarillaba ante sus ojos, hasta mostrar un fondo completamente mate, sin vida, sin ánimos ni esperanzas. Todo su arrojo, todo su valor, todo ese mundo que envolvía al militar se desvaneció. ¿De qué sirvió toda aquella muestra de entrega a Dios y al Rey si luego la balanza de los merecimientos se mostraba tan injusta con él?

CERVANTES se enorgullece, sin duda alguna, de su actitud y aptitud en la contienda, y, sobre todo, de haber tenido la oportunidad de participar en un episodio de la historia de España tan glorioso. Sus heridas son cariñosamente sentidas como la prueba de todo aquello; pero, al mismo tiempo, se desengaña de los halagos y de los frutos que, se supone, debían ganarse de ellas. Don Quijote se considera un héroe, un paladín de la justicia y un emblema viviente del valor y el arrojo; pero esas alabanzas que a sí mismo se profesa no son correspondidas por el resto de los personajes de la obra, por sus contemporáneos, por decirlo de algún modo. A CERVANTES le ocurre lo mismo y es testigo de cómo paulatinamente su vida se va llenando de decepciones, fracasos ininterrumpidos y hastiamiento Del barro del desencanto moldeó al hidalgo manchego; ahora sólo quedaba que soplasen sobre la figura el ingenio, la tradición, la voluntad y, sobre todo, la tristeza. Así se hizo Don Quijote, así su historia, así su inmortalidad.

El Quijote de 1614:

En 1604, LOPE DE VEGA escribía, entre otras muchas cosas, en una carta al Duque de Sessa, lo siguiente: "de poetas no digo, buen siglo es este; muchos en cierne para el año que viene, pero ninguno hay tan malo como CERVANTES ni tan necio que alabe a Don Quijote". ¿Cómo se enteró LOPE DE VEGA de que en 1604 el Quijote ya estaba compuesto?

Ha surgido al respecto un buen número de teorías que, al día de hoy, aún no se consideran definitivas. Por lo general, se acepta el hecho de que entonces circulaba un Quijote, si no completo sí, al menos, una de las cuatro partes que componen la edición de 1605. ¿Circuló El Quijote antes de ser publicado? Si estuvo de mano en mano, es lógico pensar que fuese a modo de separata, o sea, que una de las partes o un grupo de capítulos circulasen al margen de la obra completa. Si esto fue así, ¿dónde consta?

Aceptemos que el conflicto del Quijote de 1614 se ha generó por esta carta de LOPE DE VEGA y dejemos a un lado otras teorías al respecto10. ¿Cómo supo Lope de Vega que Don Quijote existía?

En los años que nos ocupa, imprimir un libro no era tarea fácil. Al contrario, se requería mucho tiempo para ensamblar piezas, reconstruir el texto y proceder a su impresión; por eso, un libro como el Quijote debió llevar, cuando LOPE realizó dicha afirmación, un tiempo en la imprenta. Si la Primera parte se publicó en enero de 1605, calculen ustedes.

La imprenta que publicó la edición príncipe, la de Juan de la CUESTA, estaba cerca de la casa de CERVANTES, y la de éste de la de LOPE DE VEGA. Es, por tanto, muy posible que, dada la fama de este último, cualquier obrero de la imprenta le hiciese llegar algunas páginas de la obra cervantina, o, por qué no, que el propio LOPE, enterado de que se estaba imprimiendo un libro de su vecino, solicitase unas hojas con tal de saber qué era lo que se estaba imprimiendo. Sea como fuere, en caso de que esto hubiese sido así, LOPE debió leer los primeros capítulos del Quijote, cuando el personaje es ciertamente un esperpento que adolece de las virtudes y de los rasgos entrañables que irá caracterizándole con el devenir de la obra.

Sobre la muerte de Don Quijote:

En junio de 1610 se produce otro hecho trascendental en la vida de CERVANTES. Viaja a Barcelona con la pretensión de unirse al conde de Lemos, quien iba a Nápoles como virrey con una corte de escritores. No consiguió su propósito: le fue imposible entrevistarse con el conde en persona y su secretario personal, Lupercio Leonardo de ARGENSOLA, le hizo vagas promesas de que más adelante sería llamado a la corte napolitana.

Estamos ante uno de los momentos más interesantes y tristes de la vida de CERVANTES. ¿Qué acarreo esta negativa? Sin duda, el desmoronamiento de lo que podía haber sido el final de una vida feliz que no lo fue tal. No sólo no pudo ir a América, al Oeste -tal como había pretendido en su momento-, sino que tampoco pudo acceder al Este, a Italia. CERVANTES se nos aparece como un ser encerrado en los límites geográficos de nuestro país, enjaulado; y hasta tal punto significó un fracaso esta negativa, que obligó a que fuese en la playa de Barcelona donde cayese Don Quijote, donde tuviese que dejar las armas y volverse a su aldea. Pero la vuelta a ésta no la podemos entender en su totalidad si nos olvidamos de lo más indispensable: volver para morir, para acabar un ciclo vital. Así, pues, del mismo modo que cabizbajo regresó Don Quijote a su aldea, CERVANTES hizo lo propio desde Barcelona.

Su actividad literaria a partir de este momento fue frenética, parecía luchar denodadamente contra el tiempo. Las armas estaban enterradas, las recompensas militares olvidadas y sólo quedaba volcar en todos los pliegos posibles toda aquella desmesurada cantidad de historias que esperaron a ser perpetuadas. En tres o cuatro años hizo más del doble que en veinte; y aún, con "las ansias de la muerte", esperaba continuar. Sólo el que ve caer la arena del reloj y la de la tierra sobre sí, valora intensamente los escasos resquicios de aliento que le queda.

En 1614 apareció la Segunda parte apócrifa de AVELLANEDA. En su huida desbocada hacia la inmortalidad, el desaliento de ver un obstáculo como esta edición apócrifa debió servirle para retomar fuerzas y luchar hasta ver terminada la verdadera Segunda parte del Quijote, que concluyó muy al límite de su vida. Es posible que CERVANTES planease, antes de conocer la obra de AVELLANEDA, un final diferente para su personaje, menos trágico y más acorde con el sentimiento que entre los lectores había inspirado; pero, enterado de las enormes posibilidades de ediciones apócrifas que encerraba un Quijote vivo y coleando -AVELLANEDA fue, en este caso, quien dio la alarma-, lo mató, y con él se fue extinguiendo su vida. Así, el que le había dado la luz, lo enterraba; ahora nada arrebataría a su personaje de los brazos de la muerte.


Notas:

1. Artículo publicado en el Diario de Las Palmas en tres partes: 29 de abril, 13 y 20 de mayo de 1995; páginas XIII, XV y XIV, respectivamente. Agradezco a don Carmelo AROCHA el que haya tenido a bien publicarlo en su sección.

2. MARÍAS, Julián: Cervantes clave española. Barcelona: Círculo de Lectores, 1994. Pág. 17.

3. “(…) y como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, (…)”. Cita extraída del capítulo 9 de la Primera Parte del Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605).

4. RIQUER, Martín de: “Biografía de Cervantes” en su edición crítica de Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra. Barcelona: Planeta, 1996. 14ª edición. Pág. XVIII.

5. El maestro que reconoce en su alumno alguien en quien confiar su ciencia y, consecuentemente, vela por su formación con esmero y atención; y el alumno que se ampara bajo la maestría de quien ha de guiarle en su preparación. No tiene porqué haber previamente una relación administrativa; basta con que ambos admitan la existencia de esta situación.

6. Este apartado está considerablemente ampliado y mejorado en el artículo II de este volumen. Cuando se publicó el artículo I, la idea fue concebir dicho apartado como una una propuesta más, de ahí que sólo se limitase a ser un esbozo de ideas e hipótesis.

7. En 1580, CERVANTES regresó de su cautiverio en Argel. Trató de encauzar su vida; mostró su historial militar, buscó donde le reconociesen sus méritos contraidos desde que en 1570 se enroló como soldado, pero sus esfuerzos fueron infructuosos. Por eso, sin oficio ni beneficio, es difícil pensar en alguien entregado de lleno a la tarea de componer una obra como La Galatea.

8. Este Juan de ROBLES pagó a Cervantes 1.336 reales. Si tenemos en cuenta que un real equivalía a 34 maravedíes y que un maravedí, en 1998, puede ser tasado en cerca de las 5 pesetas, el importe total que debió cobrar nuestro autor tuvo que ser de 227.120 pesetas. Ahora bien, hay que indicar que esto, de entrada, no es exacto. CERVANTES debió cobrar más dinero del fijado y menos de 681.360 pesetas, cantidad resultante de valorar el maravedí a 15 pesetas, lo que se nos antoja como excesivo. Así, pues, hemos querido quedarnos cortos y fijar el maravedí en el importe señalado.

9. En la Segunda parte del Quijote (1615), el hidalgo manchego topará de lleno con lo que son aventuras reales cuando se encuentre con Roque Guinart, el bandolero catalán. Entonces no sabrá cómo actuar y mostrará al lector su cara más amarga ya que, en realidad, no es un héroe, ni tan siquiera valiente. Cuando se derrama sangre su figura desaparece.
CERVANTES, pues, ha visto en la confrontación de un verdadero valiente, como el bandolero, y de quien presume de serlo, como es Don Quijote, un procedimiento más para demostrar la condición fantasmal del caballero manchego. Sin duda alguna, CERVANTES pensó, mientras componía El Quijote, que su personaje debía encontrar la horma de su zapato y sin duda que la halló, pero no vestida de vizcaíno, o de yangüeses…, ni tan siquiera de Caballero de la Blanca Luna, sino de bandolero.

“Pero el error más considerable de Don Quijote no es el querer resucitar los ideales medievales a principios del siglo XVII, sino el haber equivocado la ruta. CERVANTES sabía perfectamente que si Don Quijote, en vez de cabalgar hacia Oriente y encaminarse a Barcelona, se hubiese dirigido a Sevilla y de allí hubiese embarcado para las Indias, el héroe hubiera encontrado las aventuras que anhelaba, los países exóticos, rara fauna y terribles salvajes que tantas veces asoman a las páginas de los libros de caballerías, y reinos, provincias e ínsulas que ganar. Otros quijotes y sanchopanzas partían de España sin más caudal ni hacienda que las ilusiones y la ambición, y las saciaban en lo que pronto se llamará América, a base de más trabajos y de más extraordinarias aventuras que la mayoría de las que se cuentan en los libros de caballerías” (véase RIQUER, M. de: Op. cit.,pág LVIII; sobre la relación Don Quijote y Roque Guinart, consúltese las páginas LVI y LVII de este mismo título).

10. Descartamos la sospecha de PÉREZ PASTOR, que no pudo demostrar, y la anécdota narrada por Jaime OLIVER sobre un tal Juan Pérez, morisco de origen musulmán, que recordaba en 1637 haber oído en Alcalá de Henares, hacia el año 1604, en una librería, un comentario en el que citaba el nombre de Don Quijote. Ambas referencias no justifican debidamente la existencia de una edición de 1604; tampoco que fuese conocido el personaje cervantino.

 

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