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San Ignacio, memoria y legado

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La memoria y el legado de San Ignacio de Loyola

Ignacio de Loyola: de caballero a peregrino, de peregrino a apóstol, de apóstol a fundador, en su fiesta litúrgica del 31 de julio

He aquí una semblanza cronológica y a vuelapluma de una vida sola y a pie, de la historia de una ardiente pasión por Jesucristo, la del vasco universal san Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, el creador de los Ejercicios Espirituales, uno de los cristianos más extraordinarios e influyentes de toda la historia, cuya memoria litúrgica es hoy, viernes 31 de julio. La evocación de su figura se hace ahora aun más pertinente en pleno Año de la Vida Consagrada, pues pocas personas han sido y siguen siendo tan inspiradoras y tan fecundas para la vida consagrada como él.

Infancia, adolescencia y juventud

1491: El día 1 de junio (otras fuentes indican que fue el 24 de diciembre) nace, en el caserío de Loyola, Íñigo López de Loyola. Su nombre y apellidos, a tenor de los apellidos de los padres, deberían haber sido Íñigo Yáñez de Oñaz y Loyola Sánchez. Era el menor de 13 hermanos. Muy pronto fue bautizado en la iglesia parroquial de Azpeitia, cuyo párroco se llamaba Juan de Zabala. Su madre, Marina Sánchez de Licona, falleció muy pronto. Íñigo fue amamantado por la nodriza, María de Garín, que vivía en el caserío de Eguíbar. Su madre, Marina Sánchez de Licona, murió siendo Ignacio adolescente.

1506: Íñigo abandona Loyola y marcha a Castilla, concretamente a Arévalo. El contador mayor de Castilla, Juan Velázquez de Cuéllar, le pide a su padre que le envíe a uno de sus hijos. Íñigo permanece en Arévalo hasta 1517, realizando frecuentes viajes a Valladolid y manteniéndose muy cerca de la Corte ya que Juan Velázquez de Cuéllar era también consejero real. Durante sus once años en Arévalo, Íñigo aprende el dominio de las armas y se aficiona por la lectura y la escritura. Años después, él mismo calificará estos años como dados a las vanidades del mundo y al deseo de ganar honra. Se preparaba para ser un caballero.

 

1517: Tras la muerte del Rey Fernando el Católico, cae en desgracia Velázquez de Cuéllar, quien fallece poco después. Su viuda, María de Velasco, manda a Íñigo a servir al duque de Nájera, Antonio Manrique de Lara, virrey de Navarra. Íñigo interviene activa y positivamente en la pacificación de la sublevación de Nájera durante la guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), así como en conflictos entre villas de Guipúzcoa. Se revela como un buen estratega, hábil en el manejo de las situaciones.

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Herido en el castillo de Pamplona

1521: Tropas franco-navarras intentan reconquistar Navarra, conquistada en 1512 por Castilla. Hermanos de Francisco de Javier estaban integrados en estas tropas franco-navarras. Íñigo lucha con el ejército castellano. Se produce en mayo de aquel año de 1521 el llamado asedio al castillo de Pamplona, donde se halla Íñigo. El 20 de mayo de 1521, lunes de Pentecostés, una bomba de cañón atraviesa entre las piernas de Íñigo, con graves heridas en una y dañándole también la otra. El castillo cae dos días después. Se le practican a Íñigo las primeras curas y regresa a Loyola.

1521: Ya, en Loyola, comienza el proceso de recuperación de Íñigo, que va a resultar largo, complicado y doloroso. Durante la convalecencia dedica numerosos espacios de tiempo a la lectura. Entre los libros de la vieja biblioteca familiar del caserío de Loyola, Íñigo lee “La vida de Cristo” y “Flors sanctorum”. Comienza un lento y progresivo itinerario de conversión espiritual. Íñigo se replantea toda su vida –tenía ya 30 años– y hace autocrítica de su condición de soldado y caballero. Como final decisivo de este proceso de conversión, Íñigo tiene una visión de la Virgen con el Niño. Decide seguir más cerca a Jesucristo, trabajar por la evangelización y peregrinar a Tierra Santa para encontrarse con las huellas y los lugares del Santísima Humanidad de Nuestro Señor.

Los Ejercicios Espirituales y una nueva vida

1522: Abandona el caserío familiar de Loyola para seguir su nueva vocación y su deseo de peregrinar a Jerusalén. El 24 de marzo de aquel año llega al monasterio de Montserrat (Barcelona). Ante la imagen de la Virgen, cuelga su vestidura militar y abandona la basílica, harapiento y descalzo. De esta forma llega a la vecina Manresa, donde permanece diez meses, ayudado por un grupo de piadosas mujeres. Vive durante este tiempo en una cueva, en oración y ayuno. De esta experiencia nacen los Ejercicios Espirituales, corazón y nervio de la espiritualidad ignaciana. Los Ejercicios Espirituales serán editados en 1548. También la experiencia de Manresa le servirá para abandonar la idea de ser un peregrino solitario a cambio de un compromiso más apostólico con compañeros que le siguiesen en la empresa.

1523: Viaja hasta Roma con idea de embarcarse hacia Jerusalén. El 4 de septiembre pisa la ciudad santa. Su estancia en el país de Jesús marcará su vida. Se compromete a regresar a él para evangelizar y vivir, si es posible, el resto de sus días.

1524: Regresa a Barcelona. Su amiga Isabel Roser le aconseja que inicie estudios. Aprende latín y se matricula en la Universidad.

1526: Es alumno de la Universidad de Alcalá de Henares. Vive y trabaja como enfermero en el hospital de Antezana.

1527: Viaja a Salamanca. Predica sus ejercicios espirituales, lo que le acarrea algunos problemas, que incluso lleva a la cárcel durante unos días.

París y el germen de la Compañía

1528: Viaja a París. Durante siete años permanece en la capital gala. Estudia Teología y Literatura. Predica los ejercicios espirituales entre los estudiantes.

1534: Reúne en torno a su proyecto apostólico a seis jóvenes estudiantes del colegio parisino de Santa Bárbara. Son el germen de la Compañía de Jesús: Pedro Fabro, Francisco Javier, Alfonso Salmerón, Diego Laínez, Nicolás de Bobadilla y Simón Rodrigues. El primero es saboyano, el último portugués y el resto, al igual que Íñigo, españoles. Viaja a Flandes e Inglaterra para conseguir dinero para su proyecto. El 15 de agosto de 1534 Íñigo y sus seis compañeros juran los llamados votos de Montmatre. “Servir a Nuestro Señor Jesucristo, dejando todas las cosas del mundo” es el objetivo concretado en cuatro votos: pobreza, castidad, obediencia y peregrinar a Tierra Santa.

1536: Después de haber permanecido tres meses en Loyola, por razones de salud, y de visitar a los familiares de sus compañeros, Íñigo viaja a Venecia para preparar la peregrinación a Tierra Santa y para continuar sus estudios.

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Venecia, Roma, la Jerusalén universal

1537: El día 8 de enero llegan a Venecia sus seis compañeros de París. Con la autorización expresa del Papa Paulo III, se preparan para la ordenación sacerdotal, que tiene lugar el 24 de junio. Les ordena el obispo de Arbe. Una vez ordenados sacerdotes, prosiguen su preparación para la peregrinación a Tierra Santa. Sin embargo, “la nave pelegrina” no partirá aquel año por problemas bélicos. ¿Qué hacer entonces? Los siete primeros jesuitas emprenden nuevos destinos evangelizadores, mientras que Ignacio, acompañado de Laínez y Fabro, se dirige a Roma para encontrarse con el Papa. En otoño de aquel año, muy cerca ya de Roma, en la vía Cassia, tiene lugar la visión de La Storta, capital para la fundación de la Compañía, para su mismo nombre y para descubrir su nueva y definitiva misión: Roma, la nueva Jerusalén. Ignacio llegará a Roma para ponerse a la entera disposición de su obispo, el Papa. El voto de peregrinar a Tierra Santa se cambiará por un voto de especial obediencia al Papa en orden a la misión. El 24 de diciembre de 1537, Íñigo oficiará su primera misa en la basílica de Santa María la Mayor de roma, que conserva la reliquia del pesebre de Belén.

1540: Con fecha 27 de septiembre, el Papa Paulo III firma la bula “Regimini militantis”. Nace la “Societatis Iesu”, la Compañía de Jesús Es elegido prepósito general. En la bula fundacional se limita a sesenta el número de los miembros de la Compañía. Tres años después, mediante la nueva bula “Iniuctum nobis”, de 14 de marzo de 1543, queda revocada esta disposición. Los primeros jesuitas son enviados a distintos lugares de Europa para crear escuelas, universidades, seminarios… Mientras tanto, a la par que crecía la reforma protestante, nacía también la reforma católica o contrarreforma, a la que eficaz y fielmente servirán los Jesuitas.

Nace Ignatius

1537-1542: Entre 1537 y 1542, Íñigo cambia su nombre por el de Ignacio, “para ser más común a las otras naciones o más universal”. El cambio de nombre pudo ser debido a su devoción por san Ignacio de Antioquía. Es en 1537 cuando aparece su primera firma como “Ignatius” y desde 1542 desaparece ya en las firmas su nombre original de Íñigo, su nombre de pila, que en euskera es Eneko.

1548: Aparece publica la primera edición de los Ejercicios Espirituales.

1551: Ignacio quiere ser relevado como prepósito general. Su solicitud se rechazada. Un año después muere, en Sancian, frente a China, Francisco Javier, en quien quizás pensaba Ignacio como su sucesor.

1553-1555: Ignacio dicta su autobiografía a su secretario, el padre Gonçalves de Cámara. Este texto es también clave para entender lo que Ignacio pretendía con la Compañía.

1554: Ignacio escribe las Constituciones de la Compañía. En ellas se perfilan el carácter centralizado y “monárquico” de la institución, su disciplina, audacia, abnegación y obediencia. La frase “Ad maiorem Dei gloriam” (“Para la mayor gloria de Dios”) es adoptada como lema de la Compañía, que prosigue en veloz expansión por todo el mundo entonces conocido y creciendo también sin cesar. Pilares jesuíticos son la búsqueda de la voluntad de Dios, el ensanchamiento del corazón a las dimensiones del mundo aterrizando también en lo concreto, el discernimiento a la luz de la oración y de la razón de cómo mejorar la realidad para hacerla más evangélica y el esfuerzo por encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativos en la acción y unidos con Dios en la actividad.

En la gloria

1556: En Roma, en la casa de la Compañía junto a la céntrica iglesia del Gesù, fallece el 31 de julio.

1609: El Papa Paulo V lo beatifica el día 27 de septiembre.

1622: Es canonizado el 22 de mayo por el Papa Gregorio XV.

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(Tomado de www.ecclesia.net escrito por Jesús de las Heras)

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