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El filósofo Emilio Lledó, premio Princesa de Asturias en humanidades

Posted in Actualidad,Filosofía por padreteo en 20 mayo, 2015
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Lledó Emilio Lledó pertenece a la generación de los niños de la guerra (él la padeció en Madrid), y en su infancia tuvo una experiencia pedagógica que le marcó: la enseñanza y el ejemplo de uno de aquellos maestros de la República (don Francisco, al que ha recordado y homenajeado más de una vez). Años después, en Alemania y ya licenciado en Filosofía, tuvo otra experiencia importante: además del magisterio de Hans-Georg Gadamer, asistió a unas clases y seminarios caracterizados por la libertad intelectual, por el contacto directo con los libros de Filosofía, sin el corsé de los apuntes o los programas.

Allí se encaminó a la Filosofía griega clásica, que ha sido su especialidad desde entonces, en una trayectoria que le ha llevado por la Universidad de Madrid, como ayudante de Montero Díaz -uno de los represaliados cuando el franquismo expulsó a Aranguren, Tierno Galván y García Calvo-, Alemania de nuevo, la enseñanza media en Valladolid y las universidades de La Laguna, Barcelona y la UNED.

La imperecedera lección de los clásicos y la mayoría de las cuestiones que trataron son asuntos recurrentes en sus libros, artículos y declaraciones. Cuestiones como la amistad, la memoria y el lenguaje como la otra cara de la moneda de un pensamiento propio, no adocenado ni vicario. Él las abordó en libros de una primera madurez como ‘Filosofía y lenguaje’ y ‘Lenguaje e historia. El epicureísmo’, ‘La memoria del logos’, ‘Memoria de la ética’ y ‘El origen del diálogo y de la ética: una introducción al pensamiento de Platón y Aristóteles’ son otros títulos fundamentales suyos.

Los asuntos citados -amistad, memoria, diálogo, lenguaje, identidad-, y otros como la educación, los libros y el pensamiento crítico, la curiosidad y el asombro como motivos del conocimiento, están estrechamente relacionados y así aparecen en los textos de Lledó. Textos que són sólo una parte de su magisterio. La otra son unas clases de cuyo poder de seducción dan el mejor testimonio muchos de sus alumnos de varios generaciones, a los que alguna versión, quizá legendaria, presenta siguiéndole de universidad en universidad como si Lledó fuera el pensador de Hamelin.

Sobraría decir que Emilio Lledó no es el filósofo distraído que quiere el tópico, sino el maestro comprometido y atento a las cosas del mundo y de su tiempo, que no concibe la filosofía fuera de la polis. Un maestro discreto, modesto, autoexigente, porque para amar a los demás hay que amarse primero a uno mismo (encontrarse, al menos, suficientemente aceptable), algo que, mucho antes que Eric Fromm, se lo dijo Aristóteles a Nicómaco.

Los últimos años han asistido a una serie de merecidos reconocimientos a Emilio Lledó. Tan merecidos como este reciente Premio Princesa de Asturias.

Acá pueden leer una reciente entrevista a E. Lledó.

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