PadreTeo


El boicot privado. Un ejercicio de libertad y democracia

Posted in Actualidad,Filosofía,Pastoral por padreteo en 20 agosto, 2013
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(Tomado del Blog “Contando estrellas”)

Boicot, ejercicio de libertadHace tres años criticar y protestar ante una marca desde este blog me costó una demanda por importe 60.000 euros (casi 10 millones de pesetas). La demanda la gané, porque criticar y pedir un boicot a una marca es parte del ejercicio de dos derechos: el de mi libertad de expresión y mi libertad como consumidor para dejar de adquirir productos de cualquier marca, manifestar el motivo y convencer a otros de que hagan lo mismo.

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A raíz de lo ocurrido entonces -Apple decidió retirar la portada de Público de la imagen de los iPads en su web-, y tras una pataleta de Ignacio Escolar en la que llegaba al extremo de presentar nuestra protesta como consumidores como un acto de extorsión y un intento de censura, Daniel Rodríguez Herrera escribió un acertado artículo en el que apuntaba: “En cuanto a la equiparación de censura y boicot, Escolar vuelve a demostrar su incapacidad para diferenciar entre convicción y coacción. Jamás se me ocurriría promover una ley, algo que implica el uso de la fuerza, para prohibirle a Apple que entre en los tratos que quiera con Público. Pero sí emplear todos los medios pacíficos que se puedan para convencer a Apple de que es una mala idea. Y el boicot es uno de ellos.”

Hago referencia ahora a ese caso a propósito de otro llamamiento de boicot más reciente: la protesta de HazteOir.org a los anunciantes de un programa de telebasura. Se trata de un llamamiento de boicot que ha tenido un notable éxito, por cierto: la primera alerta fue apoyada por más de 35.000 personas y ha conseguido su objetivo, pues todas las marcas en cuestión han dejado de anunciarse en ese programa, unas dando a conocer su retirada y otras sin anunciarlo. La segunda alerta de este boicot ya lleva más de 11.000 firmas. Sobre este particular me remito a lo que ya apunté aquí y aquí estas dos últimas semanas.

Algunos se han sentido muy molestos con la alerta de HazteOir.org. No han faltado los que han acusado a HO de estar llevando a cabo un chantaje, como si esa figura delictiva se correspondiese con el legítimo derecho de un particular o de una asociación a llevar a cabo un boicot. En la misma línea algunos han hecho circular acusaciones de acoso, escrache e incluso han atribuido a HazteOir.org la supuesta intención de querer imponer su moral al llevar a cabo esta acción. Era de esperar ese juego sucio contra los consumidores por parte de quienes tienen un directo interés en que el boicot fracase, y para hacerlo y a falta de buenos argumentos optan por las falsas acusaciones. Lo que me choca es haber encontrado en Twitter a algunos jóvenes liberales que se unen a la absurda idea de tachar como “imposición” un boicot privado.

Ante ello no puedo hacer menos que recordar estas palabras: “Que tengamos por bueno o malo un boicot concreto depende de nuestros valores morales y de nuestra actitud frente a un objetivo o actividad concretos. Pero, en principio, el boicot es legítimo per se.” Alguno pensará que lo que acabo de citar es parte del discurso de algún dirigente de HazteOir.org, pero nada más lejos: eso lo escribió en “La Ética de la Libertad” (capítulo 17) Murray Rothbard, liberal de la Escuela Austriaca y uno de los padres ideológicos del llamado anarcocapitalismo. Al respecto, Rothbard también señalaba: “Si entendemos que un determinado boicot es moralmente reprensible, cae dentro del ámbito de los derechos de quienes así lo sienten organizar un contra-boicot con el propósito de intentar modificar el comportamiento de los consumidores, o para boicotear a los boicoteadores. Todo ello forma parte del proceso de divulgación de información y difusión de las opiniones que entra dentro de la estructura de los derechos de propiedad privada.

Otro economista liberal, Juan Ramón Rallo, escribía lo siguiente en Libertad Digital en 2005 a propósito del boicot: “El boicot privado a una empresa consiste en la decisión individual y voluntaria de no comprar un producto, por cualquier motivo. Para que el boicot sea exitoso suele ser preciso que un gran número de individuos lo siga de manera mancomunada. En estos casos el boicot puede ser liderado por algunas personas o asociaciones, pero siempre a través de la persuasión y nunca de la imposición.” Rallo también señalaba lo siguiente:

“El consumidor es soberano en el sistema capitalista. La empresarios se dirigen a servir sus intereses, que no tienen por qué estar relacionados exclusivamente con el producto ofrecido. Una empresa puede resultar penalizada por contaminar, proferir opiniones racistas, tratar de manera inadecuada a sus trabajadores o, simplemente, estar presidida por un señor poco simpático.

Y es que, en todo caso, la soberanía del consumidor consiste en la capacidad individual para boicotear a las empresas que no sirven a los individuos. La competencia de las empresas en un sistema capitalista es una competencia por satisfacer a los consumidores, esto es, por evitar su boicot: los individuos, al decidir comprar un producto, están boicoteando a los restantes, con la consecuente exhortación a que se adecuen a sus gustos, so pena de desaparecer del mercado.”

Rallo también hacía una distinción entre el boicot de los consumidores y la auténtica imposición: “El boicot privado es un instrumento acorde con la libertad; el estatal es un instrumento acorde con su restricción.”

Volviendo al caso que nos ocupa, hay que señalar que HazteOir.org no ha pedido al Estado que prohíba ese programa de telebasura, sino que ha ejercido su derecho a hacer un boicot de consumo. Tal vez desde una óptica colectivista, que es incapaz de diferenciar la esfera pública y la privada, se pueda considerar esto una imposición, pero me pasma que haya liberales, incluso algunos que incluyen en su perfil de Twitter el matiz de libertarianos, que estén equiparando el legítimo ejercicio de un derecho del consumidor con una imposición estatal, y que incluso se atreven a negar la condición de liberal a quienes apoyan el boicot de HO, como si la condición indispensable para ser liberal fuese dimitir de cualquier principio ético o moral que no sea la mera defensa de los derechos individuales (siempre que ésta no incluya, por lo visto, el derecho de los consumidores a boicotear un producto o una marca). Y así asistimos a una paradoja: HO recurre a un instrumento de protesta legítimo desde una óptica liberal, y frente a ello hay personajes que -en nombre del liberalismo- acusan a HO de “imponer” por ejercer un derecho que tenemos todos los consumidores. Puramente surrealista… Tan surrealista como ver a liberales que tachan de “acoso” que los consumidores comuniquen por email o por Twitter a la empresa los motivos por los que dejan de adquirir sus productos. ¿Mandar un email o un tuiteo a Coca-Cola es acosar desde una óptica liberal? Pues si es así la cosa tiene gracia, porque ese disparate ya lo ha defendido la misma izquierda que considera legítimos los escraches.

En fin, soy consciente del daño que el relativismo moral ha hecho en nuestra sociedad, de tal forma que algunos aborrecen toda apelación a los valores hasta el punto de presentar a quien posee convicciones éticas y morales sólidas como si fuese un totalitario. Cabe preguntarse si estaríamos asistiendo a este debate si el programa en cuestión, en vez de ultrajar a una mujer, hubiese ultrajado a otra persona por su raza, por ser anciana o por padecer una discapacidad. En todos esos casos mi respuesta sería la misma que ante la citada alerta de HO: firmar. Cabe preguntarse si lo que ciertos liberales pretenden con sus infundadas acusaciones a HO es, antes bien, criminalizar la defensa de aquellos valores que no les agradan, por muy legítimos y nobles que sean, o más bien a la asociación que los defiende, por el mero hecho de que no comparten sus planteamientos aunque los manifieste por medios legales, pacíficos y democráticos.

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