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Esperanza y optimismo en los pequeños gestos

Posted in Actualidad,Pastoral por padreteo en 19 enero, 2013
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(Por Olga Rodríguez en Revista 21)
Primavera árabeEn Egipto muchos jóvenes me han recordado que solo desde el optimismo se puede luchar para mejorar las cosas. No es un optimismo procedente de la ingenuidad, ni de la ignorancia o la inconsciencia. Es un optimismo conocedor de los grandes monstruos a los que se enfrenta, pero sabedor de que la alternativa solo es el cinismo y el escepticismo, que nos conducen al sofá, a la inactividad, a la desesperanza.

El 17 de diciembre de 2010 un vendedor ambulante de una pequeña localidad de Túnez encendió la mecha de la sublevación en el mundo árabe. Mohamed Bouazizi se quemó a lo bonzo en una protesta pública contra sus condiciones económicas y el trato recibido por la policía, después de que esta le confiscara el carrito con sus pertenencias. Había intentado, sin éxito, presentar una queja a las autoridades.
El nada que perder individual de Bouzizi, víctima de la corrupción e impunidad de las autoridades, dio paso al nada que perder colectivo de toda una población en forma de manifestaciones masivas y revueltas populares que terminaron extendiéndose a varios países, hasta marcar un antes y un después en la región.
Han pasado ya dos años de aquello. Diversos actores internos –ejércitos, sectores vinculados a las dictaduras–, potencias regionales e internacionales han intentando reconducir las revueltas árabes e incluso secuestrarlas, con el objetivo de mantener el statu quo o de aumentar su poder de influencia regional. Pero esto no deslegitima las revueltas, ni el objetivo de los millones de personas que han luchado –y siguen haciéndolo en muchos casos– en busca de la mejora de sus vidas.
Ya se sabe que grandes capítulos de la historia terminan siendo desvirtuados y desviados hacia caminos no previstos. La Revolución francesa condujo a Napoleón, pero esto no quita la importancia trascendental de aquella revolución.
En países como Egipto, el 40% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Mientras esta situación se mantega, es probable que sigan registrándose movilizaciones esporádicas, generadas por la frustración, por el nada que perder de tantos, por el deseo y la necesidad de un cambio, por la creencia de que este es posible.
En Egipto muchos jóvenes me han recordado que solo desde el optimismo se puede luchar para mejorar las cosas. No es un optimismo procedente de la ingenuidad, ni de la ignorancia o la inconsciencia. Es un optimismo conocedor de los grandes monstruos a los que se enfrenta, pero sabedor de que la alternativa solo es el cinismo y el escepticismo, que nos conducen al sofá, a la inactividad, a la desesperanza.
Estando en Tahrir, envuelta por el estruendo de los eslóganes, he recordado en más de un ocasión aquella máxima de Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo”. O al menos, podemos intentarlo. Allí y aquí.

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