PadreTeo


Siete falacias nacionalistas

Posted in Actualidad por padreteo en 12 septiembre, 2012
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(Tomado de www.outono.net /elentir/)

Tengo 36 años y he pasado buena parte de mi vida oyendo las memeces de las que se valen los nacionalistas para apoyar su discurso victimQuema de bandera españolaista, su odio a España y sus alegatos liberticidas. Digo memeces porque esa ideología irracional, que apela a los instintos más primarios y al sentimentalismo más barato, no abunda en razones sino en auténticas estupideces. A modo de ejemplo en las siguientes líneas expondré siete de ellas (recopilarlas todas daría para una enorme antología del disparate), con sus correspondientes contestaciones:

1. Una lengua, una nación, un Estado.

Es una de las falacias más repetidas. Curiosamente, la suelen soltar los mismos que reclaman pinganillos en el Parlamento y que España se configure como un “Estado plurinacional”, los mismos que también piden que el reconocimiento las lenguas cooficiales que conviven con el idioma común -el español- llegue no sólo a los organismos del Estado, sino incluso a los de la Unión Europea, a pesar de tratarse de lenguas que sólo son oficiales en ciertas comunidades y no a nivel nacional. Luego, en sus comunidades, promueven el monolingüismo más descarado, incluso a costa de pisotear los derechos de los propios catalanes, vascos y gallegos. Y es que para los nacionalistas la correspondencia entre lengua y Estado sólo vale para el catalán, el vascuence o el gallego, pero no para el español. Que el español se hable en toda España, y de forma mayoritaria en las citadas regiones, es algo que los nacionalistas transforman, por mero capricho, en una excepción a esa máxima falaz que tanto repiten.

2. España no es una nación. Galicia, Cataluña y el País Vasco, sí.

Otra falacia que enlaza con la anterior estupidez nacionalista: que casi todos los vascos, catalanes y gallegos hablen el español no significa, a los ojos de los nacionalistas, que sean españoles, ni tan siquiera que España sea una nación. Pero que una pequeña parte de los vascos y una parte mayor de los catalanes y de los gallegos hablen sus respectivas lenguas vernáculas convierte automáticamente a esas comunidades en naciones diferenciadas. Que España tenga una trayectoria como Estado nacional que supera el medio milenio tampoco la convierte en nación a los ojos nacionalistas. Sin embargo, no dudan en afirmar que son naciones ciertas regiones que nunca han gozado como tales de ningún tipo de independencia política, simplemente porque ahora hay en ellas un porcentaje relevante de nacionalistas. Para los nacionalistas, el mero sentimiento de una parte de la población se antepone a la realidad y al sentimiento del resto de la población, incluso cuando el sentimiento de pertenencia a España es ampliamente mayoritario, como ocurre en el caso de Galicia.

3. España impide el desarrollo de la culturas vasca, catalana y gallega.

Esta falacia se lleva la palma. Para empezar, las culturas vasca, catalana y gallega forman parte de la cultura española, pues ésta no se limita a las expresiones culturales en idioma español. Por otra parte, las culturas vasca, catalana y gallega abarcan también las expresiones en español en esas regiones, aunque los nacionalistas se empeñen en negarlo en su afán por excluir a quienes no se acomodan a sus tesis ideológicas. Por lo demás, en ningún país del mundo se da tal nivel de protección, financiación e incluso imposición de lenguas regionales en detrimento del idioma común por parte de las administraciones públicas. A pesar de ello la mayoría de las películas que acuden a ver los espectadores a los cines de Cataluña, Galicia y el País Vasco y la mayoría de los diarios que compran los lectores de esas comunidades -por poner sólo dos ejemplos- están en español simplemente porque así lo demanda el público. Como en cualquier otro momento de la historia, las lenguas vehiculares tienen más éxito que las demás lenguas porque permiten a las personas entenderse con más gente. Los nacionalistas culpan de las no muy optimistas perspectivas de futuro del catalán, del gallego y del vascuence a España, cuando deberían culpar a la realidad, de la misma forma que el aranés tiene un dudoso porvenir frente al catalán por una simple cuestión práctica.

4. España nos odia.

Es la justificación más primaria que emplean los nacionalistas para convencer a sus paisanos de la necesidad de la independencia. Con mucha insistencia el nacionalismo intenta demostrar que el resto de los españoles odiamos a vascos, catalanes y gallegos. Sin embargo, las únicas ideologías que apelan al odio al otro con absoluto descaro son precisamente los nacionalismos secesionistas. Es muy frecuente ver en mítines nacionalistas del País Vasco, Cataluña y Galicia utilizar la quema de banderas españolas -es decir, la ofensa a los sentimientos de la gente- como un manifiesto político. Con muchísima frecuencia dirigentes nacionalistas han mostrado su desprecio no sólo hacia el resto de los españoles, sino incluso hacia los propios catalanes, vascos y gallegos que hablan en español. El nacionalismo alienta el odio a España a cara descubierta, de forma constante y sistemática y con un fin nada disimulado: provocar el odio del resto de los españoles hacia catalanes, vascos y gallegos, para así poder utilizar ese odio en su mecánica victimista. Algunos compatriotas caen, lamentablemente, en esa trampa nacionalista y confunden a los nacionalistas con todos los catalanes, vascos y gallegos. Es algo aborrecible, y es algo que precisamente buscan los nacionalistas con sus provocaciones.

5. Sólo nosotros tenemos derecho a opinar sobre nuestra tierra.

Otra falacia muy habitual. Si desde el resto de España se denuncian las continuas violaciones de derechos fundamentales perpetradas por el nacionalismo -multas lingüísticas, imposición ideológica y lingüística en las escuelas, violencia contra el discrepante, etc.-, las respuestas son casi siempre las mismas: que el resto de los españoles no tenemos derecho a opinar sobre lo que ocurre en esas comunidades, que desconocemos lo que pasa en ellas -y eso a pesar de que en plena sociedad de la información sobran los medios para conocer esa realidad-, y que nos metamos en lo nuestro. Es la típica táctica del abusón cuando alguien que puede con él acude en auxilio de su víctima. Algo parecido a lo que ocurre en muchas dictaduras, que animan a los organismos y activistas proderechos humanos a no meterse en sus asuntos internos, para así poder mantener desamparadas a las víctimas de esos regímenes opresores. Pero además de eso, hay que preguntarse si los nacionalistas se aplican a sí mismos esa falacia. Catalanes, vascos y gallegos votan en pie de igualdad con el resto de españoles en comicios en los que se decide el futuro de toda España. Los propios catalanes, vascos y gallegos acuden a sus elecciones autonómicas a votar en conjunto, decidiendo los de La Coruña cosas que pueden afectar a Vigo, decidiendo los de Bilbao cosas que pueden afectar a San Sebastián y decidiendo los de Barcelona cosas que pueden afectar a Tarragona.

6. Quienes piden libertad lingüística lo hacen porque odian nuestra lengua.

El mantra de la lengua le sirve al nacionalismo para justificar todo tipo de burradas, desde la imposición de una copia del modelo lingüístico del Apartheid en las escuelas hasta la violencia contra los defensores de la libertad de idioma, pasando por las multas lingüísticas a los comercios que no rotulan en catalán. La presencia en esas comunidades de personas que defendemos la libertad de vascos, catalanes y gallegos para hablar y escolarizarse en la lengua que elijan es una de las cosas que más sacan de quicio al nacionalismo, pues deja en evidencia su carácter netamente liberticida. Por eso el nacionalismo se emplea con tanta saña contra esas personas, llegando al extremo cinismo de presentar como fascistas, ultras y fachas no a los nacionalistas que actúan como totalitarios, sino a los demócratas que les exigimos que respeten los derechos de todos los ciudadanos. Una de las mentiras más repetidas por los nacionalistas contra los que defendemos la libertad de idioma es que odiamos el gallego, el catalán o el vasco. Esta mentira la tienen que repetir, por supuesto, al mismo tiempo que se aseguran de que los difamados no podamos defendernos de ella, pues esa falsedad cae por su propio peso: ¿odiamos lenguas para cuyos hablantes pedimos plena libertad? Aquí los únicos que no disimulan su odio por una lengua, la española, son precisamente los nacionalistas. Pero incluso si fuese cierto que algunos defensores de la libertad de idioma odiasen tal o cual lengua, su postura es -desde luego- mucho más legítima que la del nacionalismo. Mientras los demócratas piden libertad para poder hablar y escolarizarse en cualquier lengua oficial -sea o no de su preferencia-, los nacionalistas insisten en castigar el uso del español y en expulsarlo de las aulas simplemente porque lo odian. Y es que aquí lo grave no es que uno prefiera el español a una lengua vernácula o viceversa, mientras respete el derecho de los demás a usar esa lengua con libertad. Lo grave es que unos -los nacionalistas- quieren imponernos sus preferencias y sus odios lingüísticos a los demás.

7. Ser parte de España ha perjudicado a Cataluña, el País Vasco y Galicia.

Es una de las falsedades más repetidas. El caso gallego ya lo contesté con cifras en junio. Desde luego, cabe preguntarse qué habría sido de dichas comunidades si no hubiesen podido poner durante siglos sus productos en un mercado tan amplio como el español, teniendo que pagar aranceles para llegar a los principales destinos de sus exportaciones. Y es que mucho antes de que existiese la Unión Europea los vascos, catalanes y gallegos tuvieron libertad para invertir en otras comunidades españolas, explotar sus recursos naturales, comerciar con ellas y emplear como mano de obra a sus habitantes. A este obvio beneficio que ha supuesto para catalanes, vascos y gallegos ser parte de España hay que añadir el hecho de que España sea miembro de la Unión Europea. Ayer mismo Bruselas advirtió que una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE. Es decir, sus ciudadanos no gozarían de la libertad de paso por las fronteras que disfrutamos los ciudadanos de la UE, ni disfrutarían de las ventajas de un mercado común europeo. Las pérdidas para esa comunidad serían incalculables. Pero a la esfera económica hay que añadir la cultural. Formar parte de España ha hecho que catalanes, vascos y gallegos formemos parte de una enorme comunidad cultural y de la tercera mayor comunidad lingüística del mundo. Además de la indudable ventaja en materia de comunicación, hay que preguntarse qué habría sido de catalanes, vascos y gallegos de haber seguido los disparates monolingüistas del nacionalismo y haber tenido que superar una barrera lingüística que en el caso de los vascos sería muy complicada. ¿Quién tiene más facilidades para comunicarse y comerciar: un húngaro, un croata y un macedonio, o un británico, un francés y un español? Insisto: la lucha de los secesionistas no sólo es contra España: ante todo luchan contra la realidad y contra la prosperidad de sus respectivas comunidades.

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