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Aclarando términos: Cáritas, laicos, financiación

Posted in Actualidad,Pastoral por padreteo en 12 mayo, 2012
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Yo soy católico, soy laico y mi declaración de la Renta no la paga el ‘dinero público’

Por Elentir.info

mano y crucifijoEntre los medios laicistas se ha extendido cada vez más la idea de que “laico” es aquel que no profesa ninguna religión, a pesar de que la primera acepción que da el diccionario de la RAE para “laico” es la siguiente: “Que no tiene órdenes clericales.” ¿Pensarán los laicistas que todos los católicos somos curas? No les tengo por tan ignorantes. El caso es que a veces se encuentra uno con esa confusión hasta en análisis pretendidamente científicos, como éste que me envían algunas personas y que se está difundiendo mucho por la red.

Uno afirma que los voluntarios de Cáritas son ‘no religiosos’ por ser laicos

En dicho artículo se incluye el siguiente cuadro sobre las personas que colaboran en la ONG católica Cáritas Española:

El cuadro se basa en los datos de la Memoria 2009 de Cáritas. En dicho documento figura en cifras el reparto de los distintos tipos de personas que colaboran con Cáritas:

De estos datos, el autor del citado artículo extrae la siguiente y correcta conclusión: “De un total de 64360 miembros (4674 contratados y 59686 voluntarios), un 77% son personas laicas, mientras que un 4,3% son sacerdotes o religiosos.” Lo más llamativo es la afirmación que hace a continuación el autor: “hay muchas más personas no religiosas que religiosas”, lo que según él “contrasta con el prejuicio que se suele tener”. Al leer esta afirmación, la primera pregunta que se me vino a la cabeza es dónde ha visto este señor en la Memoria 2009 de Cáritas que se hable de “personas no religiosas”. La respuesta es evidente: no lo ha dicho Cáritas, sino que el autor ha equiparado -erróneamente- “laicos” con “personas no religiosas”.

La ayuda que Cáritas recibe de la Iglesia, ¿¿insignificante??

Hay que decir que varios lectores le han apuntado ese error, pero el autor ni siquiera se ha molestado en contestarles esa cuestión. Y es que admitir esa confusión echaría por tierra una de las tesis de dicho artículo: que asociar el trabajo de Cáritas a la Iglesia es un “prejuicio”. Así, en el artículo el autor afirma que la aportación económica de la Iglesia a Cáritas “es casi insignificante”. En los comentarios y basándose en el comentario anónimo de una supuesta asalariada de Cáritas, el autor habla de “la poca ayuda que recibís de la estructura de la Iglesia”. En otro comentario diferencia a “la iglesia como institución (que pide dinero) de la iglesia como comunidad (que hace el trabajo sin ver el dinero que recoge la primera)”.

Resulta curioso leer estas cosas de alguien que presume de rechazar “prejuicios” mientras hace afirmaciones falsas por desconocimiento del significado de la palabra “laico”. Precisamente el diccionario de la RAE define “prejuzgar” de la siguiente forma: “Juzgar de las cosas antes del tiempo oportuno, o sin tener de ellas cabal conocimiento.” Pero además de prejuzgar, el autor parece no estar al tanto de las cantidades donadas a Cáritas por la Conferencia Episcopal Española, procedentes del Fondo Común Interdiocesano. La propia CEE ha dado cuenta de ellas año tras año desde que empezó la crisis. Aquí va la lista:

  • 1,9 millones de euros en 2008
  • 2,9 millones de euros 2009
  • 4 millones de euros 2010
  • 5 millones de euros 2011
  • 5 millones de euros en 2012

En total suman 18,8 millones de euros (3.128 millones de pesetas) donados por la Conferencia Episcopal a Cáritas en 5 años. A esto hay que sumarle los donativos que hacen las propias parroquias. En todas las que he visitado se destina lo recaudado con el cepillo un domingo de cada mes, es decir, entre el 20 y el 25% de los ingresos de la parroquia por esa vía. ¿Le parece al autor de ese artículo que esta ayuda es “insignificante”? En fin, será que él aporta mucho más… Seguro. Por cierto, a pesar de los datos expuestos, el autor afirma sin más: “al marcar la casilla de la Iglesia, tu aportación NO va a Cáritas ni a ninguna otra ONG de la Iglesia”. Revise usted las cifras, buen hombre.

¿El dinero de nuestros impuestos no sale de nuestros bolsillos?

Hablando del IRPF, dice el autor que es falso que paguemos de nuestro bolsillo lo que marcamos en la casilla de la Iglesia en el IRPF. Es más: el autor afirma que ese dinero es “dinero público”. Esta es otra falacia muy habitual en ciertos medios. Desde luego, lo que pido a quienes afirman esa falacia es una aclaración: si el resultado a pagar de mi IRPF no sale de mis bolsillos, ¿por qué año tras año Hacienda me lo cobra a mí? Y por mucho que se empeñen los laicistas, esa cantidad que destino para la Iglesia por medio del IRPF es dinero que he ganado yo con mi trabajo, no dinero público.

Pero si el autor de ese artículo cree en serio que el dinero que me cobra Hacienda por cada ejercicio de la Renta no sale de mis bolsillos, por si acaso cree en serio que alguna institución pública me paga los impuestos (a mí y a todos los que marcamos esa casilla), le aconsejo leer el apartado uno de la disposición adicional Ley 42/2006 (ver PDF, página 46.300), en el que se especifica el origen del dinero marcado en esa casilla: “el 0,7 por 100 de la cuota íntegra del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas correspondiente a los contribuyentes que manifiesten expresamente su voluntad en tal sentido”. Así pues, si yo marco la casilla de la Iglesia pero en el IRPF no me toca pagar nada, la Iglesia no recibe ni un céntimo de mi Renta. De hecho, y como ya expliqué aquí el mes pasado, cada año el Estado hace dos liquidaciones, una provisional y otra definitiva, a fin de determinar la cantidad destinada por los contribuyentes a la Iglesia. Ni un céntimo más, ni un céntimo menos. El Estado hace de mero intermediario entre la Iglesia y los contribuyentes, pero nada más. De hecho, a pesar de aumentar el número de contribuyentes que marcan esa casilla, el dinero que recibe la Iglesia del IRPF ha bajado. Cosas de la crisis.

Yo quiero más casillas para partidos, sindicatos y patronal

Dinero público es, por ejemplo, el que sale de las arcas públicas y es asignado por el gobierno a partidos, sindicatos, patronal, etc., sin admitir ninguna objeción por parte de los contribuyentes. De hecho, se da una paradoja: yo como católico puedo vetar a la Iglesia en mis impuestos, pero no puedo vetar a partidos, sindicatos u organizaciones patronales a las que no pertenezco y con las que ni siquiera simpatizo. Lo más paradógico es que algunos de los privilegiados aún tienen el cuajo de considerar eso un “trato de favor” a los católicos.

En fin, yo lo tengo claro: este año, como los anteriores, marcaré la casilla de la Iglesia y también la de fines sociales en el IRPF, porque sé que con ambas ayudo a los que están ayudando a los demás. Lo que me gustaría es tener más casillas para partidos, sindicatos y organizaciones empresariales, a fin de poder dejarlas vacías.

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