PadreTeo


Existencia, grandeza, belleza y necesidad de Dios

Posted in Buenas Noticias,Pastoral por padreteo en 30 septiembre, 2011

(Editorial de Ecclesia)

No es ya un tópico manido, ni una afirmación lisonjera, triunfalista o autocomplaciente: Benedicto XVI, con su visita apostólica a Alemania, ha vuelto a escribir una de las más memorables páginas de su luminoso pontificado. Y quien lo dude, más allá de las superficialidades, manipulaciones y banalidades varias con que buena parte de los medios de comunicación han tratado el tema, que se adentre con paz y objetividad en los contenidos de este viaje, que ECCLESIA publica en su totalidad en este número y en el siguiente.

Sobre cuatro ejes fundamentales –el encuentro con la comunidad católica, la propuesta cristiana al mundo de la increencia, el ecumenismo y el diálogo con la sociedad política– ha girado, como ya adelantábamos las semanas precedentes, la tercera visita pastoral del Papa a su querida Alemania natal. Como telón de fondo y base de los citados ejes o claves, Benedicto XVI viajaba a Alemania y desde ella a la entera humanidad para hablar de Dios, para mostrar que Dios existe y cómo es este Dios de los cristianos, a quien además solo se puede encontrar y seguir en plenitud y con garantías en su Iglesia. Esta intencionalidad principal del Papa, hermosa y significativamente expresada en este lema del viaje –«Donde está Dios, ahí está el futuro»–, no es una obviedad ni una pertinencia lógicas, sino una necesidad y una osadía en tiempos culturales y lugares donde se ha proyectado intencionada y denodadamente el eclipse de Dios. Y Alemania es paradigma de este eclipse, de esta apostasía silenciosa o práctica y, en buena medida también, de la búsqueda de respuestas mundanas, secularizadas y secularizantes de cara, supuestamente, a resolver la crisis de la Iglesia y de la fe.

Para responder a estas cuestiones, la luminosidad y sagacidad del magisterio de Benedicto XVI ha proyectado luz especialmente en sus tres homilías y en los sendos discursos que dirigió a dos instituciones de católicos alemanes. «La crisis de la Iglesia en Occidente –ha subrayado– es la crisis de la fe». Y el verdadero cambio necesario que precisa la Iglesia pasa por la fidelidad identitaria, la comunión con los sucesores de Pedro y los Apóstoles, el ardor misionero y le renovación espiritual desde las mismas raíces de la fe. Y ante los cantos de sirena y abandonos efectivos o teóricos, el Santo Padre ha recordado que permanecer y fructificar en Cristo para la vida del mundo es permanecer en la comunión y en la misión de su Iglesia. Y ello sin esconder la fe, ni limitarla a la esfera privada, sino dando testimonio público de su luz y de su esperanza.

También desde la seriedad, la responsabilidad y las exigencias de la fe y no desde fáciles y cosméticos consensos e intercambios estratégicos en busca solo del aplauso del mundo, ha abordado el Papa sus importantes citas ecuménicas, sobre todo en Erfurt –corazón de la Reforma Luterana– con la Iglesia Evangélica Alemana. «La unidad no crece mediante la ponderación de ventajas y desventajas». «¿Acaso es necesario ceder a la presión de la secularización, llegar a ser modernos adulterando la fe?». El motor del ecumenismo es la conversión y la santidad de vida, es la vivencia y el testimonio de la verdad de la fe. Amén de seguir ahondando, celebrando y avanzado en lo que nos une.

Clave esencial también de la visita papal a la hegemónica Alemania ha sido su encuentro con los representantes del poder político. Benedicto XVI ha vuelto a hacer historia con su sencilla presencia y su magistral discurso ante el Bundestag, el Parlamento Federal Alemán (ver páginas 26 a 29). En él encontramos un extraordinario testimonio a la clarificación y fundamentación del verdadero Derecho y de los principios intelectuales del Estado y a la aportación que a su desarrollo ha brindado a lo largo de los siglos el cristianismo. Con los mismos argumentos de algunos autores, este intelectual excepcional que es Joseph Ratzinger ha desmontado el vigente y asfixiante positivismo jurídico tan en boga. Y lo ha hecho desde la razón, el diálogo, el servicio y la apertura.

Los viajes papales –afirmó Benedicto XVI en un mensaje televisivo en las vísperas de su viaje (ver página 22)– «no son turismo religioso, ni un show», sino oportunidades evangelizadoras para mostrar la existencia, la grandeza, la belleza y la necesidad de Dios. Y así ha sido también este memorable periplo alemán. Digan, silencien o manipulen los de siempre.

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