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Tareas para el nuevo curso pastoral: jóvenes, familias, eucaristía, sacerdocio

Posted in Pastoral por padreteo en 6 septiembre, 2011

(Editorial de la revista Ecclesia)

Comienza un nuevo curso. Todavía gozosamente vivos y frescos los ecos del auténtico Pentecostés de la JMJ 2011 Madrid, nuestra Iglesia acomete con el nuevo curso la tarea prioritaria de dar gracias a Dios por este extraordinario evento y a seguir trabajando desde él en la pastoral juvenil. La JMJ 2011 Madrid ha sido uno de los acontecimientos principales de la Iglesia que peregrina en España en las últimas seis o siete décadas, comparable a otros que marcaron épocas como la peregrinación de jóvenes a Santiago de 1948, el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona de 1952 o la primera y maratoniana visita apostólica del Papa Juan Pablo II a nuestra nación, en otoño de 1982.

Releer, profundizar, orar y aplicar el espléndido magisterio papal de la JMJ, revivir tantas experiencias, consolidar grupos e iniciativas que surgieron en torno a ella y aprovechar su inmenso caudal de gracia –«extraordinaria catarata de luz y de esperanza», como afirmó Benedicto XVI en la audiencia general de los miércoles posterior a la Jornada (ver páginas 14 y 15)– es ahora un inaplazable reto de toda nuestra Iglesia, que además está llamada ya a preparar la JMJ 2013 Río de Janeiro y cuya mejor preparación será precisamente ahondar en el legado y depósito de la JMJ 2011 Madrid.

Además, la agenda eclesial está repleta de retos, de programas, de expectativas, de necesidades. Como reclamos generales para el curso pastoral 2011-2012, en su finalización hay dos grandes convocatorias: del 30 de mayo al 3 de junio el VII Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar en la ciudad italiana de Milán, y del 10 al 17 de junio, en Dublín, capital de Irlanda, un nuevo Congreso Eucarístico Internacional, ya el 50. A nadie se le escapa la significación añadida de la cita de Dublín, tras las tempestades –y todavía en medio de ellas– tras el conocimiento público de los escándalos de pederastia que en tanta medida y tan lamentablemente han salpicado a la Iglesia en Irlanda. En la página 12 y 13 de este mismo número nos hacemos eco de sus últimas novedades y derivadas.

En cualquiera de los casos, las convocatorias de Milán y de Dublín, para finales de la primavera de 2012, centran la atención en dos aspectos capitales de la acción evangelizadora de la Iglesia: la familia y la eucaristía. La eucaristía es el centro y la cumbre de toda la vida de la Iglesia. Una Iglesia eucarística –«la Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia», escribieron los Papas Pablo VI y Juan Pablo II– ha sido, es y será el verdadero motor de la evangelización. Y también ahora, en tiempos de increencia, de secularización y de religiosidad a la carta, todo surge, todo nace, todo se fecunda y revitaliza desde la eucaristía. También la pastoral familiar, tan decisiva y a la par tan necesitada en medio de legislaciones y climas de opinión tan poco favorables a ella. Sin irnos más lejos, según un reciente informe del Instituto de Política Familiar (IPF), en 2010, en España, el número de matrimonios descendió en 6.329 matrimonios (un 3,5% menos) y la ruptura familiar creció en 3.086 rupturas (un 2,5% más). La tasa de ruptura/matrimonio ha crecido en un 60% en los últimos diez años pasando de 47 rupturas cada 100 matrimonios en el 2000 a ser de 75 rupturas por cada 100 matrimonios en el 2010. De seguir esta tendencia en los próximos años se producirán tantas rupturas como matrimonios.

Un cuarto y próximo acontecimiento eclesial que, a su vez, se convierte en apremiante tarea para el curso que ahora comenzamos es la declaración de San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia Universal. Aun cuando todavía no hay fecha precisa –quizás dentro de un año aproximadamente–, el anuncio efectuado al respecto por el Papa en la JMJ 2011 Madrid debe llenarnos no solo de gozo y de satisfacción, sino también de interpelación y de compromiso. Que el sacerdote secular español del siglo XVI San Juan de Ávila vaya a ser proclamado doctor de la Iglesia nos llama a intensificar el trabajo por una pastoral vocacional más incisiva, desde la mejor y más fiel formación y siempre en comunión con la Iglesia. Y llama también a nuestros presbiterios a revitalizar su auténtica identidad, a nutrir las verdaderas fuentes de su espiritualidad y a reavivar su celo apostólico y misionero

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